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martes, 23 de octubre de 2012

Cristóbal Veny, el llanero de las necrópolis

Cristóbal Veny
1925-2007

Se inició en la arqueología cuando la disciplina era un erial científico en España. Pasarían casi 30 años hasta que Cristóbal Veny vio publicados sus trabajos sobre las cuevas sepulcrales del Bronce Antiguo, pero aquél sería el inicio de una carrera ligada a la cultura funeraria previa a la romanización. Junto a su monumental Corpus de inscripciones baleáricas, en su currículum destaca su participación en una de las primeras excavaciones submarinas de Mallorca.

Nació en Porreres en 1925 y su vida quedó pronto ligada a la carrera eclesiástica desde que comenzara su primera enseñanza como blauet de Lluc. En 1940 Veny ingresaba en la congregación de los Misioneros de los Sagrados Corazones para ordenarse presbítero en 1949. Pero su faceta como religioso se orientó hacia la docencia como maestro en el mismo santuario de Escorca y después en el colegio Obispo Perelló de Madrid.

Para entonces, ya había comenzado su interés por la arqueología, aunque la posguerra había reducido las investigaciones a la mínima expresión en todo el país. «Después del conflicto se inició una gran limpieza de los investigadores anteriores. Junto a la falta de dinero y de universidades, fue una de las causas de la ausencia de grupos en favor de arqueólogos en solitarios», señala el experto David Javaloyas.

sábado, 6 de octubre de 2012

Lucie Chodat, la dama de las garrigas

Lucie Chodat

Su condición de fémina le reservó un lugar en la Historia por ser una de las únicas mujeres botánicas que estudiaron el archipiélago. Pero la ciencia ha dibujado la tesis de Lucie Chodat como un trabajo superficial, lleno de errores y con una gran falta de perspectiva. Tuvo más de pionera que de rigurosa. En su polémica con Knoche (ver entrada), el tiempo sólo le dio la razón en algunos aspectos.

Pocos datos se conocen sobre la biografía de Lucie Chodat. Nació en 1896 en Suiza, hija del célebre botánico 
Robert H. Chodat. Rector y profesor de la misma Universidad de Ginebra en la que ella se licenciaría en Botánica. En las primeras décadas del nuevo siglo quedaría patente su interés por aquella rama científica mientras acompañaba a su padre en los viajes de expedición que realizaba con sus alumnos.

Visitó dos veces España y tres el archipiélago balear. Pero sería en 1920, tras las observaciones de su última estancia en las Islas, cuando comenzaría a fraguar su tesis doctoral. Para entonces, su padre ya había publicado Una excursión botánica a Mallorca (1905) y sus consejos se convertirían en un pilar fundamental para el trabajo de Lucie.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Francesc Barceló i Combis, el retratista del zoológico

Francesc Barceló i Combis
1820-1889

Del cielo al mar y de la tierra, al río. No quedó medio alguno que Francesc Barceló i Combis no inventariara con su pluma de teórico de la zoología. Había desterrado la idea de ejercer la medicina por la docencia de las ciencias naturales. Y por su enciclopedia de las Baleares pasaron pájaros, reptiles y moluscos.

Desde su Peratallada natal –en el Baix Empordà catalán– Barceló i Combis soñaba con ser médico. Por eso se licenció en Cirugía y Medicina en Barcelona, pero luego llegaron la Física, la Química y la Botánica. Su camino se alejaba del quirófano y se acercaba a las aulas. Mallorca y el Institut Balear –una institución fundamental en la enseñanza de la isla en el siglo XIX– terminaron de marcar su rumbo.

En 1847 obtenía la plaza de catedrático interino de Física y Química del Instituto Balear y se trasladaba a Palma. Cinco años después la adquiría en propiedad y comenzaba su andadura como maestro en Mallorca. Más tarde se convertiría también en catedrático de Historia Natural del Instituto de Segunda Enseñanza.

Francisco Puig, el cirujano renovador

Francisco Puig
1720-1797

Francisco Puig tenía la categoría de jubilado cuando llegó a Mallorca en 1788. Tenía 68 años, pero estaba empeñado en demostrar que no era un hombre acabado. La Isla le brindó la oportunidad de promover los estudios de cirugía, como siempre había defendido. Un año después, la creación de la Escuela de Anatomía y Cirugía de Mallorca consiguió importar la renovación científica que Pere Virgili había iniciado en Barcelona.

Se graduó como cirujano en Cervera (Lleida) en 1740, pero Francisco Puig había nacido veinte años antes en Barcelona. Sería allí, también, donde desarrollara los primeros años de su carrera profesional. Primero, en una de las tiendas de cirugía-barbería de la ciudad. Después, como cirujano mayor en el hospital de la Santa Creu para en 1753 pasar al área de Sanidad del Ayuntamiento.

Su primer contacto con la revolución de aquella ciencia llegaría en 1761 con su incorporación como profesor y secretario del Real Colegio de Cirugía que acababa de fundar Pere Virgili. Desde la nueva institución, así como desde el Hospital General en el que también ejercería, demostró su intención de promover los estudios de cirugía.

La oportunidad de Puig tardaría aún más de dos décadas en llegar. Problemas en su ciudad natal –que acabarían por provocar el rechazo de algunos sectores hacia su figura– y sus continuas ansias de ascender, acabaron por imponerle la jubilación del Colegio barcelonés en 1784. Tenía 64 años pero aún le quedaba mucha carrera por delante.

Hay quien dice que la propuesta fue suya, pero Francisco Puig presumía de que el Ayuntamiento de Palma le había pedido que fundara un colegio de cirugía en nuestra Isla. Proyecto para el que obtuvo permiso en 1789, cuando se fundó la Escuela de Anatomía y Cirugía de Mallorca. El catalán pasó a hacerse cargo de la dirección.

El reglamento y los estatutos del Colegio de Cirugía de Barcelona sirvieron como modelo para la institución mallorquina. Durante el siglo XVIII la enseñanza quirúrgica en España experimentó una gran transformación. Una modernización en la que Puig «sería una de las figuras puente o transicionales entre el bajo nivel quirúrgico de los años iniciales del Setecientos y el resugir de la cirugía española durante las últimas décadas», como indica Juan Riera Palmero en el artículo Nuevos datos sobre el colegio de cirugía de Mallorca.

Lámina incluida en el tratado de Francisco Puig
En 1790 el catalán publicó un plan de estudios para el centro mallorquín en el que demostraba cómo, partiendo de su formación tradicional, se incorporaba a aquella reforma que había conocido en Cataluña de la mano de Pere Virgili. Sus indicaciones abarcaban las diferentes disciplinas incluidas en los estudios. Desde las materias más teóricas como anatomía, traumatología o química a otras más prácticas como vendajes, partos o heridas por arma de fuego.

La formación consistía en seis cursos escolares en los que se incluían prácticas en algún hospital. El plan recoge también la reglamentación de grados, exámenes y sesiones científicas. Pero iba, incluso, más allá. Las observaciones de Francisco Puig tratan también los problemas sanitarios, las tareas y el personal asistencial de las instituciones hospitalarias y el papel de la sanidad en los cementerios y la cirugía forense legal.

«Las ideas de Puig muestran la progresiva incorporación a los hábitos de trabajo europeo», asegura también Riera Palmero. En 1793 publicó, en colaboración con Sebastià Muntaner, el Manual teórico-práctico de las operaciones de cirugía para instrucción de los alumnos de la Escuela de Palma de Mallorca.

El catalán puso especial atención en las demostraciones anatómicas, a las que invitaba a los regidores del Ayuntamiento. El Archivo de Simancas conserva aún algunos de sus dibujos que reproducían las preparaciones de la vena porta y de los nervios de las extremidades inferiores. Eran láminas que se colocaban sobre un atril en la sala de prácticas.

En 1792 dejaba su puesto como cirujano mayor en el Real Hospital de Palma de Mallorca. En 1809 un grupo de cirujanos logró que se aprobara un proyecto para convertir la Escuela de Anatomía y Cirugía en un Real Colegio. Las dificultades presupuestarias impidieron que se hiciera realidad y el centro cerraría sus puertas en 1825.


Baleópolis nº144     14-02-2012


Fuentes

MASSONS, Josep Maria. Francesc Puig i els cirurgians del seu temps
http://www.ramc.cat/publicacions/51-Francesc%20Puig.pdf

BALLESTEROS, Alfonso. Las ciencias de curar durante la Guerra de Independencia
http://www.medicinabalear.org/numeros%20anteriores/revistas/VOL23/vol23_n2/editorial.pdf

RIERA PALMERO, Juan. Nuevos datos sobre el Colegio de Cirugía de Mallorca
http://es.scribd.com/doc/107292226

PUIG, Francisco. Plan Para Perficionar [Sic] Los Estudios de Cirugía
http://es.scribd.com/doc/107288877

Miquel Massutí Oliver: y la pesca se hizo ciencia

| Miquel Massutí Pascual
Miquel Massutí Oliver
1930-2012

Su nombramiento como primer director general de Pesca del Govern culminaba un proyecto de muchos años: consolidar la relación entre la oceanografía y el sector pesquero. Como científico, Miquel Massutí Oliver trabajó en la prospección de caladeros y en la cartografía submarina del mar balear. Desde la Administración contribuyó a la regulación de la pesca para que fuera sostenible mientras crecía su capacidad.

Nació en Palma en junio de 1930. Miquel Massutí Oliver era el nuevo miembro de una familia de biólogos y oceanógrafos. Su padre, sin ir más lejos, había sido director del laboratorio del Instituto Español de Oceanografía (IEO) en la capital mallorquina. La vocación y aquella suerte de tradición familiar le llevarían también a él a estudiar Ciencias Naturales en la Universidad de Barcelona.

En 1954 comenzaría su carrera profesional como becario en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en los laboratorios de Blanes, Vinaroz y Cádiz. Pero sería su ingreso en el IEO en 1959 el que marcaría definitivamente su trayectoria. El laboratorio palmesano se convirtió también en su nuevo destino.

Domingo Casasnovas, ¿primer dentista de España?

| Sociedad Española de Historia de la Odontología
Domingo Casasnovas
1853-1917

Los datos sobre la biografía de Domingo Casasnovas son confusos. Mientras todos le confirman como el primer cirujano-dentista de Mallorca, el solleric parece poder presumir, también de haberlo sido a nivel nacional. Un pionero absoluto que contribuyó a la renovación de la odontología en el XIX.

En 1917 la revista La Odontología homenajeaba a Domingo Casasnovas con A un veterano. El artículo no sólo lamentaba su pérdida sino que elogiaba sus 40 años de profesión. El protagonista era un solleric que ostentaba el honor de haberse convertido en el primer cirujano-dentista de Mallorca. Pero aquella necrología era también una pista en la historia poco conocida de Casasnovas. ¿Había sido también el primero de España?

Nació en Sóller en 1853, pero no es hasta su llegada a Madrid cuando se conocen los primeros datos de la vida de Domingo Casasnovas. En la capital se convirtió en discípulo de Cayetano Triviño, "creador de una facultad privada para formarse en odontología, impulsor del primer colegio de la profesión y del título de cirujano-dentista", le describe el presidente de la Sociedad Española de Historia de la Odontología (SEHO), Javier Sanz. Sería precisamente aquella última faceta la que le uniría al mallorquín.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Ángel Palerm, el antrópologo del esclavismo

Ángel Palerm
1917-1980

Su llegada a México tenía detrás el drama de un exilio político y por delante, una brillante carrera como antropólogo. El nombre de Ángel Palerm es hoy prácticamente desconocido en su Ibiza natal, pero la Historia le dibuja como un maestro en el conocimiento de Mesoamérica y un académico –con una cátedra con su nombre en España– que llevó sus teorías a algunas de las principales universidades de Estados Unidos.



Nació en Ibiza en 1917 y allí viviría hasta que en 1936 dio el salto a Barcelona. Pese a ser un gran activista político, poco o nada intuía Ángel Palerm del estallido de la guerra que le pilló ya matriculado de Historia en la Universidad de la Ciudad Condal. Pronto se unió al ejército republicano para combatir en el frente. Tres años después, con la derrota, fue uno de los últimos en cruzar la frontera hacia Francia.



Su exilio comenzó con su confinamiento en un campo de concentración hasta que en agosto de aquel mismo año llegó a México. Allí pasó algún tiempo hasta que en 1945 decidió retomar su formación. Primero en la Universidad Nacional Autónoma y después en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Su tesis Las bases agrícolas de la civilización urbana en Mesoamérica le permitió obtener el doctorado en Ciencias antropológicas.



Autores como Foster, Carrasco o Armillas influirían en los inicios de su carrera. Pero sería de Isabel Kelly de quien aprendería, según él mismo, «el rigor de la metodología y la reflexión analítica». Desde finales de los años 40, Palerm se centró en la antropología y orientó sus estudios a su propio entorno para dedicarse a los orígenes prehispánicos de Mesoamérica. Un interés que ya había avanzado con su tesina y que se mantendría durante toda su trayectoria.

Élie de Beaumont, geólogo por correspondencia

Élie de Beaumont
1798-1874

Con una mano Élie de Beaumont dibujaba el perfil orográfico imaginario de Mallorca. En la otra, sostenía una de las rocas enviadas desde allí por Cambessèdes. Nunca había pisado el archipiélago, tal vez ni siquiera pensó hacerlo, pero la colección de minerales recolectados por su compatriota le permitió hacer una aproximación descriptiva de las Islas. Un artículo que constituyó el primer trabajo geológico sobre Baleares.

Nació en Calvados (Francia) en 1798, hijo y nieto de abogados. Pero la vocación de Jean-Baptiste Élie de Beaumont le orientó hacia la ciencia. Ingresó en la Escuela Politécnica y en la Escuela de Minas para estudiar ingeniería. Pero sería en las clases de geología donde descubriría su verdadera profesión. Las mismas que le llevarían a continuar su formación en la Facultad de Ciencias de París.

Entre 1820 y 1822 comenzaron sus viajes para realizar observaciones geológicas. Primero por diversas regiones francesas antes de dar el salto a Inglaterra y Escocia. Allí conocería también el mapa del país trazado por George Bellas Greenough. Era la inspiración necesaria para la gran carta geológica de Francia que empezaría a diseñar en 1841. El logro más reconocido de su currículum. Nada se sabe de cómo nació el interés de De Beaumont por Baleares. Tampoco del origen de su proyecto geológico en las Islas que tuvo al botánico Cambessèdes como principal aliado. Una suerte de corresponsal sobre el terreno que recogiera el material suficiente para su análisis posterior.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Josep M. Palau Camps, un investigador entre insectos

Josep M. Palau Camps
1914-1996

El detective Jaume Arbós fue su mayor creación novelística. El retrato literario de su propio perfil de sombrero, pipa y gabardina. Pero también el alter ego de las exploraciones en cuevas mallorquinas que convirtieron a Josep Maria Palau Camps en pionero de la bioespeleología y de la entomología. Un investigador práctico que supo ponerse al servicio de otros para hacer avanzar los estudios sobre insectos.

Nació en Barcelona en 1914. La misma ciudad en la que se licenció en Ciencias Naturales y donde conoció a Francesc Español, quizá el maestro que orientó su carrera hacia la entomología. Una pasión que Palau Camps mostraría tímidamente en Cataluña –allí colaboraría en el Museo de Zoología– para después desarrollarla por completo en Mallorca. Los problemas de salud de su padre, el botánico Pere Palau, llevaron a la familia a instalarse en la Isla en 1941.

Su habilidad para el dibujo le acercó primero a las ciencias como ilustrador de las plantas que estudiaba su padre. Poco después, ambos se convertían en fundadores de la Societat d’Història Natural de Balears. «Surgió en 1954 como un punto de encuentro para todos los naturalistas que trabajaban en las Islas. Pero ya desde 1948 habían existido campañas y actividades vinculadas a la Real Sociedad de Historia Natural », relata el profesor del departamento de Ciencias de la Tierra de la UIB, Guillem X. Pons.

Gabriel Llabrés Quintana, el excavador oficial de Pollentia

Gabriel Llabrés Quintana
1858-1928

Las primeras noticias sobre Pollentia databan del siglo XVII. Desde entonces, un par de hallazgos casuales y otros tantos estudios sobre la zona fueron lo único aportado a la Historia de la arqueología. Fue en 1923 cuando el erudito Gabriel Llabrés Quintana obtuvo el permiso del Estado y se convirtió en el director de las primeras excavaciones en el área. Una ciudad romana hoy icono del patrimonio mallorquín.

Nació en Binissalem en 1858 en el seno de una familia convencida de que la mejor herencia que podía dejarle era una buena formación. Y así se marchó primero a Barcelona donde estudió Derecho y Filosofía y después a Madrid donde obtuvo la licenciatura de Filosofía y Letras. Soñaba, dicen, con ser catedrático universitario, pero su trayectoria acabaría yendo por otros derroteros. La educación, sería la excusa pero la Historia sería su velada pasión.

En aquel intento de hacer carrera como historiador, ganó por oposición una plaza de ayudante del Cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos. Primero le destinaron a Teruel y luego a Barcelona. Después, se convirtió en profesor auxiliar en Palma y durante doce años se dedicó a suplir las faltas y vacantes de todas las asignaturas de Letras.


La frustración docente crecía al mismo tiempo que se alimentaba de la erudición y la investigación. Corría 1885 cuando creó el Butlleí de la Societat Arqueològica Lul·liana, una publicación fundamental para divulgar la Historia de Mallorca. La institución había nacido sólo cinco años antes.

domingo, 26 de agosto de 2012

María Llabrés, la primera médico oficial

María Llabrés Piris
1904-1996

En 1991 María Llabrés Piris recibía la medalla de oro de sus compañeros de gremio. Detrás de la celebración de sus 50 años como colegiada se escondía, también, el honor de haber sido la primera mujer en ejercer la medicina en Baleares. Convertida en pionera también como maternóloga y tocóloga de la comunidad, vivió la gran transformación de la profesión durante sus casi seis décadas de carrera.

Nació en Ciutadella en agosto de 1904, hija del empresario del calzado Francisco Llabrés Moll. Estudió en el Instituto General y Técnico de Mahón donde ingresó en 1917, pero cuando llegó el momento de labrarse una profesión, su padre le planteó dos alternativas: "O se incorporaba a la fábrica familiar como empleada rasa o estudiaba una carrera", recuerda su hija, María del Carmen Arregui. Ella optó por la segunda opción.

La decisión llevó a la venta del establecimiento zapatero y al traslado de la familia a Barcelona. Tras finalizar allí el bachillerato, María Llabrés Piris entraría en la Universidad de Barcelona para estudiar Medicina. Su hermana Catalina haría lo propio en Farmacia. "En los archivos figura que María estudió de manera no oficial, es decir, no presencial. En aquella época era algo común porque las mujeres no iban solas a ningún sitio, y menos a una clase compartida con hombres", señala la profesora de Historia de la Enfermería de la UIB, Gloria Gallego.

miércoles, 11 de julio de 2012

Fernando Moragues, un espeleólogo en la sombra

Fernando Moragues
1856-1931

Tenía sólo 24 años cuando participó en su primera campaña científica. Pero desde entonces, su nombre quedaría ligado a la Historia de la espeleología en Mallorca. Entomólogo aficionado e hijo de los propietarios de las Cuevas del Drach, Fernando Moragues trascendería pronto el ámbito local para relacionarse con investigadores internacionales de la talla de Martel (ver entrada), Kobelt o Racovitza (ver entrada). Nació en Palma en 1856, hijo de José Ignacio Moragues Mata, primer inspector provincial de Baleares tras la reforma de las Escuelas Normales de 1849.

Fernando Moragues y de Manzanos sería el único de sus ocho hermanos que no seguiría la carrera militar. Pese a que su padre había llegado a ser teniente y caballero de la Real y Militar Orden de San Fernando, él optó por la vida religiosa. Cursó los estudios eclesiásticos en Palma antes de marcharse como misionero a Argentina, donde fundó una parroquia. A su regreso vivió de nuevo en Ciutat hasta trasladarse a la finca de Ses Rotetes en Manacor. Hacía 1880 fue ordenado sacerdote, el mismo año en que se pondría por primera vez de manifiesto el interés científico que sí había heredado de su progenitor.

José Ignacio Moragues se había formado en matemáticas y geografía entre otras materias. Fernando, sin embargo, destacaría como entomólogo aficionado y autodidacta. En parte porquesu progenitor le había inculcado la pasión por coleccionar escarabajos y demás insectos, pero también porque su familia era propietaria de las Cuevas del Drach. Las mismas a las que llegó el alemán Friedrich Will (ver entrada) en ese 1880.

lunes, 11 de junio de 2012

Miquel Ballester, un físico para el Mediterráneo

Miquel Ballester
1919-2008

Durante su vida y su carrera, Miquel Ballester asistió a la gran transformación de la meteorología. Sus inicios le vincularon a un Servicio Meteorológico Nacional aún dependiente del Ministerio del Aire y con las aerolíneas como destinatarios principales. Cuando se jubiló, la ciencia estaba preocupada por un cambio climático que el solleric se negaba a aceptar. Entre ambas épocas, se convirtió en una autoridad en la física meteorológica y un impulsor de los estudios en el Mediterráneo.



Nació en Sóller en 1919, pero pronto se trasladó a Barcelona y Madrid para iniciar sus estudios universitarios de Física y Meteorología. Ya graduado, dio el salto a Cambridge (Inglaterra) para ampliar sus estudios en el Gonville &Caius College. Sin embargo, sería en Mallorca donde comenzaría su carrera profesional.



Ingresó en el Servicio Meteorológico Nacional en 1941, y su primer destino llegaría sólo un año después como jefe del observatorio de Alcúdia, un centro vinculado a la base militar. «Cuando se organizó la meteorología en España, ésta estaba asociada al Ministerio del Aire y al servicio militar. Tenía también relación con la aeronáutica porque las predicciones eran fundamentales para los vuelos», explica el catedrático de Meteorología de la UIB, Climent Ramis.

Daniel Escandell, el observador de Marte

Daniel Escandell | EEIF
Daniel Escandell
1932-1997

La oposición favorable de Marte en 1956, unos diez millones de kilómetros más cerca de lo habitual, revolucionó Ibiza. El fenómeno y la reciente compra de un telescopio por parte del Ayuntamiento de la ciudad aceleraron la creación de un observatorio en el Puig des Molins. Detrás del proyecto, el joven Daniel Escandell. Un universitario que dirigió las observaciones del planeta rojo y que destacaba como la gran promesa de la astronomía ibicenca. Pero su frustrada carrera le convertiría en guía turístico.

Nació en Sant Jordi de Ses Salines en 1932, pero no sería hasta más de una década después cuando el nombre de Daniel Escandell comenzaría a ser popular. Su paisano, el astrónomo ibicenco Vicent Serra i Orvay (ver entrada), le conocería en una de sus últimas visitas a la Sociedad Astronómica de España y América, con sede en Barcelona. Ya entonces se refirió a él como «una gran promesa» para la ciencia, no sólo de la isla «sino de todo el estado».

Había sido durante el bachillerato cuando el joven se había sentido atraído por la astronomía y los estudios científicos. Aquel interés continuaría después con su matriculación en Ciencias Exactas en la universida de Barcelona. «La astrofísica aún no existía como carrera, y la astronomía, principalmente la posicional, era sólo una rama de las Ciencias Exactas», señala el presidente de la Agrupación Astronómica de Ibiza, José Luis Bofill.

Maria Lluïsa Canut, feminismo desde la física

Maria Lluïsa Canut
1924-2005

Su tesis Dinámica de redes en cristales moleculares la convirtió, a mediados de los 50, en una investigadora puntera en la cristalografía española. Maria Lluïsa Canut sería, durante 40 estudios científicos y otros tantos años, la otra pieza de un tándem en el que, junto a José Luis Amorós, consiguió prestigio a nivel internacional. Su llegada a la Southern University de Illinois le permitió convertirse, además, en líder de un movimiento feminista por la igualdad de sueldos para las mujeres docentes.

Nació en Mahón en 1924, pero su carrera científica no comenzó hasta su traslado a la Ciudad Condal. En la Universidad de Barcelona se licenciaría en Ciencias Físicas para luego doctorarse, en 1955, con su primer trabajo de investigación. Una tesis titulada Dinámica de redes en cristales moleculares y cuyo proyecto había dirigido el experto cristalógrafo José Luis Amorós.

«Aquel trabajo supuso un plantemiento muy novedoso para la época ya que analizaba el movimiento de las moléculas dentro de los cristales a través de la observación por rayos X», afirma el catedrático de la Universidad de Barcelona, Salvador Galí. La tesis de Maria Lluïsa Canut resultaba casi un «atrevimiento» en un panorama universitario con escasos recursos para la experimentación y prácticamente estancado desde la Guerra Civil.

Gandolfi, el profesional de la anguila

Alfonso Gandolfi
1890-1938

En 1918 Alfonso Gandolfi llamaba a la puerta del Laboratorio de biología marina de Porto Pi. Le recibía el director del centro, Odón de Buen (ver entrada), que recordaba cómo había conocido al suizo, apenas cinco años atrás, en un congreso celebrado en Mónaco. «Se había especializado en el estudio minucioso de las anguilas y peregrinaba de laboratorio en laboratorio», escribiría tiempo después en sus memorias. Mallorca, con los canales de La Albufera y la bahía de Palma, se había convertido en su nuevo destino.

La autobiografía de De Buen y los estudios del propio Gandolfi –más de 50 sólo en España– contienen los pocos datos que, aún hoy, se conocen sobre la vida del ictiólogo. Nació en Suiza hacia 1890 en el seno de una familia noble. Él mismo ostentaba el título de Duque de Gandolfi, un reconocimiento que otorgaba el Papa.

Doctorado en Ciencias Naturales y convertido en profesor de la Universidad de Ginebra, llegó por primera vez a nuestro país entre 1915 y 1916. Para entonces ya había participado en el Congreso Internacional de Zoología celebrado en Mónaco en 1913 –el mismo en el que conocería a Odón de Buen– y su fama como ictiólogo corría ya por media Europa. Los siguientes veinte años de su carrera iban a estar dedicados, en cuerpo y alma, al estudio de las anguilas.

domingo, 20 de mayo de 2012

Enric Gros, un espía entre la flora

Enric Gros
1864-1949

Cuando murió llevaba catorce años instalado en Mallorca y era, según dicen, «más pobre que una rata». Su nombre no aparecería entre las grandes personalidades científicas del siglo XX, pero Enric Gros había sido uno de los hombres fundamentales para el desarrollo de la botánica. Sobre una mula había recorrido España como un espía en busca de especies vegetales. Baleares acabaría por ser su refugio definitivo.

Nació en Franciac de la Selva (Girona) en 1864, en una familia de pastores. Probó diferentes oficios, desde leñador a segador pasando por carbonero del bosque, y a los 20 años aprendió a leer y escribir. Tal vez fue entonces cuando Enric Gros decidió emprender el gran viaje de su vida. Cuba parecía un destino atractivo además de un lugar en el que encontrar un empleo mejor. El Hospital de las Ánimas de La Habana le incorporó pronto a su equipo. Primero, como jardinero y después como voluntario para los primeros experimentos sobre la vacunación contra la fiebre amarilla. Las pruebas comenzaban con la picadura de mosquitos infectados. El catalán fue uno de los pocos que logró sobrevivir.

De regreso a Barcelona, Gros conoció a uno de los personajes más destacados en la ciencia del momento: el naturalista y oceanógrafo Odón de Buen (ver entrada). Lo que el aragonés vio en él es casi un misterio, pero no dudó en contratarle como ayudante de prácticas para su laboratorio en la universidad de la Ciudad Condal. Al fundar en 1906 el Laboratorio biológico-marino de Porto Pi, le trasladaría a Palma. Seis años después, pasaría como mozo de laboratorio al centro de Málaga.

El laboratorio del seminario

Un cuaderno de contabilidad de 1862 recuerda la primera compra de instrumentos. Hacía sólo cuatro años que el Seminario de Ciutadella había arrancado después de que la isla restaurara su diócesis. En él se desarrolló la enseñanza de las ciencias naturales y, siguiendo el decreto Cañal, se creó el primer laboratorio de física. Durante muchos años Menorca no fue una diócesis independiente. La sede estaba en Mallorca y esto, junto a la falta de recursos económicos, hizo que no se planteara la creación de un seminario. Los menorquines que querían seguir la carrera eclesiástica tenían que salir de la isla. Sin embargo, la restauración de la diócesis en 1785 dio un giro a las circunstancias.

El obispo Tomás de la Roda Rodríguez primero, y la reina Isabel II después, autorizaron la creación de un seminario. El centro –dotado con 4.000 duros anuales de subvención además de los ingresos por matrículas con los que contaba– era el encargado de proporcionar una formación adecuada a los religiosos. En 1858 la escuela abría sus puertas.

Aquélla fue una fecha señalada. Durante unos años y tras el cierre de la Escuela Náutica de Mahón, el Seminario se convirtió en el único centro de enseñanza secundaria. «Los documentos que se conservan apuntan a que también había alumnos no religiosos que se preparaban allí para después obtener el título», señala la licenciada en Física e investigadora, Paz Carreras. Una especie de preparación por libre para el examen final que se realizaba en Palma.

viernes, 27 de abril de 2012

Jerónimo Nadal, el jesuita de las matemáticas

Jerónimo Nadal
1507-1580

Su nombramiento como rector de la recién inaugurada escuela de Mesina, en 1548 dio un giro a su carrera. Hasta entonces, para Jerónimo Nadal las matemáticas habían sido sólo parte de su formación. Fue entonces cuando, a través del plan de estudios de su Ratio Studiorum, adquirieron un papel fundamental en el sistema educativo jesuita. Tanto que aquella ciencia sería la base racional para el conocimiento.

Nació en Palma en agosto de 1507, en el seno de una familia acomodada que le permitió una educación casi privilegiada. Vivió en la Isla hasta los 20 años cuando acabó sus estudios medios. Después, se trasladó a la Universidad de Alcalá de Henares, donde cursaría el Bachillerato en Artes, pero sería en la Universidad de La Sorbona donde finalmente obtendría su título.

En 1532 y en un París que presumía de tener la universidad más célebre del momento, las matemáticas llegaron a su vida. Era apenas una asignatura más, como la teología, pero Jerónimo Nadal se convertiría luego en lector de dicha materia en el centro. Allí conocería también al que después sería San Ignacio de Loyola. Un personaje que acabaría por cobrar gran importancia en su vida. La siguiente década sería muy convulsa para el mallorquín.

viernes, 20 de abril de 2012

Juan Comas Camps, el antropólogo de México


Joan Comas Camps
1900-1979

La misma Guerra Civil que le reclamó para trabajar en la Dirección General de Enseñanza Primaria acabó después, tras su desenlace, por obligarle a exiliarse de España. Pero Juan Comas Camps tenía claro su futuro. Viajó a Ginebra para terminar el doctorado en ciencias antropológicas antes de dar el salto a México. Allí desarrollaría una brillante carrera científica como indigenista y defensor de la corriente antirracista.

Nació en Alaior en 1900 pero su padre, maestro de escuela, decidió pronto trasladar a la famlia a Mallorca con el sueño de que sus hijos pudieran seguir su carrera. Juan Comas tenía sólo 6 años cuando dejó Menorca. Tendría 17 cuando se convirtió en profesor, una meta que se le antojó demasiado fácil y que le llevó a ingresar luego en la Escuela de Estudios Superiores de Magisterio recién fundada en Madrid.



El objetivo de aquel nuevo centro no era sólo formar profesores, sino también inspectores de Enseñanza Primaria. Un cargo que el menorquín ejercería desde 1921 hasta 1940 en Girona, Tenerife, Lugo y Segovia. La facilidad con la que había logrado aquel propósito le dejó, de nuevo, insatisfecho y le hizo ampliar aún más su formación.



Hacia 1930 Comas ya soñaba con convertirse en antropólogo profesional. Todo había comenzado en la capital donde uno de sus maestros, Luis de Hoyos Sainz, le puso en contacto con aquella rama científica. Ese nuevo giro en su carrera le llevaría a estudiar ciencias naturales, para terminar en Ginebra con la licenciatura de ciencias biológicas.

jueves, 5 de abril de 2012

Joan Alzina y la educación especial

Joan Alzina
1879-1979

En diciembre de 1920 el Ayuntamiento de Barcelona inauguraba Vila Joana. Una institución, mitad internado mitad escuela, destinada a niños con discapacidad. Al frente, el mallorquín Joan Alzina. Un médico que aunó los conocimientos de la psiquiatría con las herramientas de la pedagogía para sentar las bases de la educación especial pública. Su objetivo fue siempre el de proporcionar un futuro a quienes se consideraba sólo una carga.

Nació en Capdepera, aunque su fecha de nacimiento varía, según la fuente, entre 1879 y 1883. Con la llegada del nuevo siglo se trasladaría a Barcelona para estudiar Medicina, pero su formación se desarrollaría después fuera de nuestro país. Se especializó en psiquiatría en Italia, primero en Reggio Emilia de la mano de Giuseppe Giuccardi y después en Roma con Gionni Mingazzini.

Tras un breve regreso a Madrid, donde en 1911 colaboró en el laboratorio de investigaciones biológicas de Ramón y Cajal, la Junta para la Ampliación de Estudios le permitió salir de nuevo de España. La clínica psiquiátrica de la Universidad de Munich se convirtió entonces en su destino para formarse, entre otros, con Alois Alzheimer.

Para entonces Alzina ya había iniciado su carrera profesional en Cataluña. Un comienzo ligado plenamente a la psiquiatría como director de los psiquiátricos de Salt (Girona) y Sant Andreu del Palomar (Barcelona) entre 1910 y 1915. Pero las precarias condiciones de ambos centros le llevarían a publicar la Memòria sobre l’organització del servei dels boigs [sic] a Catalunya, en la que presentaba las clínicas alemanas de Munich o Haar como ejemplos a seguir.

Ramon Llull, las tres autopsias del Beato

Ramon Llull
1232-1315

Dicen que tenía 84 años cuando Ramon Llull llegó a Bugía. Quería predicar el evangelio en territorio musulmán. Contaba con el permiso del regente de la ciudad pero, según la tradición, nada impidió que fuera lapidado por sus sermones. Con la llegada de sus restos a Mallorca comenzó un periplo científico para demostrar la autenticidad de aquel martirio. Tres autopsias principales se sucedieron hasta certificar, en 1985, que el Beato no murió víctima de aquella supuesta tortura.

No era la primera vez que Llull predicaba en la zona, donde ya había sufrido cárcel, destierro y persecución. En aquella ocasión, según recogieron los cronistas, fue lapidado por musulmanes en la ciudad argelina de Bugía. Pese a que se le dio por muerto, unos mercaderes genoveses comprobaron que aún respiraba después de pedir su cuerpo a las autoridades.

Al parecer, el Beato falleció al llegar a Mallorca, a donde el viento había desviado el barco de los comerciantes en su regreso a Génova. El cadáver fue depositado, de manera provisional, en un arca en la sacristía del convento de San Francisco de Palma. La certeza de que la Iglesia le canonizaría pronto hizo que no se le enterrara.

Joan Pons Moyà, el rastreador del Myotragus

Joan Pons Moyà
1955-2003

La inmersión de Joan Pons en la ciencia fue un proceso tan cuidadoso y escalonado como adentrarse en una cueva. Primero fue la espeleología; después, la fauna. Por un lado la cavernícola, que recolectó para otros investigadores. Por otro, los restos fósiles de especies endémicas con los que reconstruyó la evolución del Myotragus. Una carrera brillante que acabaría con el hallazgo del resto humano más antiguo de la Península Ibérica.

Nació en Palma en 1955 y sus inquietudes naturalísticas comenzaron muy pronto. Era sólo un adolescente cuando, a través de la Societat d’Història Natural de Balears, conoció al paleontólogo Juan Cuerda (ver entrada). Las excursiones que realizaron juntos en un Seat 600 le acercaron a la malacología marina y a los estudios del Cuaternario. Sin embargo, su adhesión al Grup Espeleològic Mallorquí reorientarían su interés hacia las cavidades.

Desde aquel grupo, Joan Pons formó parte de una generación pionera que emprendió la catalogación y topografía sistemática de las cuevas de Baleares. La bioespeleología fue, entonces, un paso casi natural desde el que recolectó algunas especies cavernícolas como el escarabajo Reicheia balearica que describiría el mismísimo Francesc Español (ver entrada).

jueves, 22 de marzo de 2012

Ramón y Cajal y los cefalópodos de Porto Pi

Santiago Ramón y Cajal
1852-1934


Con la concesión del Nobel de Medicina en 1906, a Santiago Ramón y Cajal le llovieron las ofertas para presidir actos científicos en toda España. El Colegio Medicofarmacéutico de Palma también decidió nombrarle socio de honor después de un gran homenaje que no pudo contar con su presencia. Pasarían cuatro años hasta que el célebre histólogo llegara a Mallorca en un viaje en el que estudió el sistema óptico de los cefalópodos en el antiguo laboratorio de Porto Pi.

El Nobel le complicó la agenda a Ramón y Cajal. Aquel galardón movilizó a un panorama científico de instituciones y academias que se disputaron su presencia durante los años siguientes a 1906. Así empezó, también, su relación con la Isla. El 3 de marzo de 1907 el Colegio Medicofarmacéutico de Palma nombraba al histólogo socio de honor y celebraba una gran velada como homenaje a la que él no pudo asistir.

Tampoco lo hizo en 1908. Su amigo, el zaragozano Odón de Buen (ver entrada), acababa de ser elegido director del Laboratorio de Biología Marina de Palma y decidió invitarle al acto de nombramiento. Les unía una estrecha relación forjada durante los años de formación que compartieron en la Institución de Libre Enseñanza y en la Escuela Moderna de Ferrer Guardia. «Pero Cajal [que entonces tenía 54 años] seguía poniendo la investigación por encima de todo, y le costaba mucho dejar la silla y el microscopio y salir del laboratorio», señala el Doctor en Biología y profesor de Fisiología de la UIB, Antoni Gamundí.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Un plan para Alexander Von Homeyer

Alexander Von Homeyer
1834-1903

Los artículos baleares de Von Homeyer parecen crónicas de otro tiempo. Su viaje al archipiélago, de apenas tres meses, no fue sólo una expedición ornitológica más, sino el testimonio y el censo de toda una colección de aves acuáticas que acabó por desaparecer. Hoy, algunas de aquellas especies pueden presumir de resurrección gracias a un plan bautizado en honor del alemán.

Nació en enero de 1834 en Vorland, Alemania. Miembro de una familia aristocrática, Alexander Von Homeyer comenzó sus estudios universitarios antes de dar un nuevo rumbo a su vida en 1852. Fue entonces cuando se enroló en el ejército prusiano, del que se retiraría en 1878 con el rango de mayor.

Su carrera militar fue, probablemente, la que le permitió –a través de la exploración de nuevos territorios– profundizar en su pasión por la naturaleza. Más concretamente en la ornitología, faceta que parecía haber heredado de su tío, el ornitólogo Eugene Ferdinand Von Homeyer.

La expedición de la Sociedad Germanoafricana liderada por el explorador Paul Pogge en 1874 –con la que recorrieron gran parte de Angola y Congo–, sería una de sus aventuras más destacadas pero no la primera. Además de su ingreso en la Sociedad de Investigación Natural de Senckenbergische, en 1861 viajaría a Baleares en el que sería su debut en un viaje de investigación ornitológica y que duraría unos tres meses.

sábado, 10 de marzo de 2012

Tomás Blanes Viale, el discípulo de Ramón y Cajal

Tomás Blanes Viale
1878-1900

Las memorias de Ramón y Cajal guardaban una sorpresa para nuestros investigadores. «El joven mallorquín Blanes Viale, alumno aventajadísimo(muerto también en flor antes del término de la carrera)», recordaba de sus años como catedrático en Madrid. La cita escondía la historia de Tomás Blanes Viale, que había conseguido ser su discípulo directo gracias a sus dotes como dibujante. Sus estudios y la estima del Nobel llevaron a bautizar unas células olfatorias en su honor.

Fue mallorquín de adopción, pero no de nacimiento. Tomás Blanes Viale nació en 1878 en la ciudad uruguaya de Mercedes, hijo del médico Rafael Blanes, originario de Artà. Sus primeros años trascurrieron entre Uruguay y Puerto Rico, pero el clima del Caribe empeoró la ya delicada salud del patriarca y obligó a la familia a regresar a Mallorca.

El joven tenía sólo 15 años. Instalado en Palma, cursó el bachillerato en el Instituto Balear, cuyo título obtuvo en 1896. El mismo año en que se trasladaría a Valencia para estudiar el preparatorio de Medicina. Pero su objetivo era la capital: Madrid. Y allí llegó después para ingresar en la Universidad de San Carlos.



«Allí impartía clase Santiago Ramón y Cajal, que era catedrático desde 1892. Se dice incluso, que había conocido al padre de Blanes Viale durante sus años como estudiante, pero es algo que no se ha podido comprobar», apunta el doctor menorquín Antoni Juanico. Sea como fuere, el joven mallorquín tardó poco en conocer al líder de la Generación de los Sabios.

La hazaña del geodesta Ibáñez

Carlos Ibáñez
1825-1891

El levantamiento contra las tropas napoleónicas dejaría a Baleares aún más aislada, geodésicamente, de lo que ya estaba. François Aragó, por su origen francés, se veía obligado a escapar disfrazado de payés mientras dejaba inconclusa la conexión de las Islas con el continente. Pasaría medio siglo hasta que alguien continuara el proyecto. Entre problemas económicos y administrativos, Carlos Ibáñez sería responsable de tal hazaña.

Nació en Barcelona en 1825, pero tardaría poco en trasladarse a Guadalajara para ingresar, en 1838, en la Academia de Ingenieros. Allí, estudiaría tanto disciplinas militares como científicas, algo que explicaría su ascenso meteórico en el Ejército. En una década se convertiría en teniente coronel. Sin embargo, su paso a la posteridad llegaría por ser considerado uno de los mejores geodestas de Europa.

Su primera gran oportunidad llegaría en 1853. Carlos Ibáñez era elegido miembro de una comisión creada para la elaboración de un mapa general de España. Un encargo del Gobierno por el que proyectó un nuevo instrumento para medir bases geodésicas que sería conocido como regla española.

domingo, 22 de enero de 2012

Eduard Boscà y la lagartija pitiusa

Eduard Boscà
1843-1924

En 1877 Eduard Boscà revolucionaba la zoología en nuesto país. Después de trece años de trabajo, publicaba la primera versión del Catálogo de los reptiles y anfibios observados en España, Portugal e Islas Baleares. Además de la innovación de su carácter nacional, sería el primer estudio herpetológico del archipiélago. Una investigación pionera a la que seis años más tarde sumaría la descripción de una nueva especie: la lagartija Podarcis pityusensis.

Nació en Valencia en 1843, la misma ciudad en la que primero se graduaría como bachiller en Medicina y Cirugía antes de licenciarse en Medicina y Ciencias en su universidad. Pese a que ya se iniciaba en la investigación pasó sus primeros años vinculado a la docencia. En 1873 doctoraba en Ciencias Naturales en la Universidad de Madrid e iniciaba su carrera como profesor.

La Escuela de Agricultura y Veterinaria de la Diputación de Valencia se convirtió, aquel mismo año, en su primer destino. Después llegarían los institutos de segunda enseñanza de Xátiva, Albacete y Ciudad Real. Faltaba sólo un año para que viera la luz pública la que sería su gran obra.

Bernat Calvet y el ensanche parisino para Palma

Bernat Calvet
1864-1941

El derribo de las murallas fue el primer paso para que Palma abandonara la estructura hermética que conservaba desde el siglo XVII. Bernat Calvet, un ingeniero ibicenco, fue el autor del proyecto de ensanche que modernizaría la ciudad. Pese a los ejemplos de Madrid y Barcelona, fue el parisino Plan Haussman el que le inspiró. Pero el gran plan urbanístico de Palma seguía incompleto y con grandes fallos medio siglo después de su concepción.

Nació en Ibiza en 1864, pero sería en madrid donde iniciara su carrera profesional licenciándose como ingeniero de Caminos, canales y puertos. Sus ascensos fueron continuos. Y, para cuando Alfonso XIII firmó en 1902 la orden de derribo de las murallas de Palma, Bernat Calvet era ya ingeniero municipal de la ciudad. Sólo un año antes su proyecto de ensanche, resentado bajo sin su nombre, había sido aprobado.

En pleno siglo XIX Palma conservaba la estructura y la fisonomía de dos centurias atrás. Encerrada en sus murallas, con un crecimiento caótico extramuros y con las «zonas polémicas» que prohibían construir a menos de 1.250 metros de ellas. La aprobación de las bases para el concurso que eligiera un proyecto de ensanche que iniciara la transformación. Un texto que estaría redactado en 1877 pero cuya convocatoria no llegaría hasta 1896.

El autor del plan elegido, aprobado en 1901, era Bernat Calvet. Un ibicenco que, pese a los ejemplos de Cerdà en Barcelona y Castro en Madrid, buscó inspriación en el proyecto de Haussman para París. Su idea era la de un ensanche en forma de gran corona circular que abarcara todo el casco antiguo. Desde Es Jonquet a El Molinar. El cauce de la Riera dividiría en dos el espacio.

Knoche, un botánico controvertido

Herman Knoche
1870-1945

Apenas había llegado a Europa cuando Flahault, profesor de la Universidad de Montpellier, la sugirió una expedición a Baleares para preparar un estudio sobre fitogeografía. Atrás había quedado la época de los botánicos pioneros. Herman Knoche entraba a formar parte de la nómina de compiladores de la flora en el siglo XIX. Pero el mismo ensayo con el que se doctoró en botánica se convertiría en el centro de las críticas, incluso las de quienes le habían ayudado.

Nació en San José (California) en 1870, hijo de dos emigrantes alemanes que habían llegado a Estados Unidos después de la fiebre del oro. Al parecer, desde un principio E.L. Herman Knoche tuvo clara su orientación a la botánica, la misma que le llevaría a la universidad de Stanford donde se graduaría en 1899. El nuevo continente se convirtió también en el primer objetivo de sus campañas de herborización. Pero pronto pensó en dar el salto a Europa.

El nuevo siglo pilló al estadounidense en Francia, donde ampliaba su formación en la universidad de Montpellier. Pasaría poco tiempo hasta que el profesor Charles Flahault le animara a emprender un gran proyecto: el estudio de la fitogeografía de Baleares. Aquella disciplina iba más allá de la botánica ya que suponía la investigación del origen y distribución de las plantas en función de su localización geográfica.

Andrés Hernández, el farmacéutico de la Armada


Andrés Hernández
1744-1817

Su farmacia era reconocida en todo Mahón. Sus fondos de tinturas, ungüentos y jarabes la convirtieron en proveedora del resto de oficinas de la ciudad. Una fama a la que Andrés Hernández sumaba su pertenencia al Colegio de Boticarios de Madrid así como el cargo de corresponsal del Real Jardín Botánico. Dos bazas que utilizó en una competición en la que se enfrascó por abastecer de medicinas al hospital naval.

Nació en Mahón en 1744 y allí pasó toda su vida. Estudió gramática latina y Farmacia, rama sobre la que construiría su trayectoria profesional. Sus dotes le convirtieron en docente en la materia y en socio del Colegio de Boticarios de Madrid en 1784. Apenas cinco años antes de que la capital menorquina le nombrara examinador apotecario.

Había instalado farmacia en Mahón y su oficina, repleta de bálsamos, emplastos y jarabes, podía presumir de abastecer al resto de boticas de la ciudad. Él era un rico hacendado que gozaba de tanto prestigio como su tienda, pero para entonces ya se había enfrascado en una guerra farmacéutica. El Tratado de Versalles de 1783 había devuelto Menorca a la Corona española y, con ella, los barcos de su flota al puerto mahonés. Un retorno que inició una competición por abastecer de medicinas a los buques.

miércoles, 18 de enero de 2012

Lord Lilford, entre aves y reptiles

Thomas Littleton Powys
Lord Lilford
1833-1896

Su pasión por los animales siempre tuvo algo de excéntrico. Además de la pequeña reserva salvaje que creó en Harrow, cuentan que su aviario incluía una pareja de quebrantahuesos domesticados. Pero Lord Lilford fue también un gran viajero. Un zoólogo, fundador de la British Ornithologists Union, que llegó a Baleares en 1865. Aquí no sólo repasó la avifauna del archipiélago sino que descubriría una lagartija endémica que sería bautizada con su nombre.

Su título nobiliario fue lo primero que heredó. Hijo primogénito de Thomas Atherton Powys, se convertiría en el cuarto barón de Lilford. Había nacido en Londres en 1833 como Thomas Littleton Powys, en el seno de una familia de la aristocracia. Allí, en Inglaterra, transcurrió su primera formación hasta realizar, en 1850, una estancia de un año en Lausana (Suiza).

Con el regreso a su país llegaría, en 1851, su ingreso en la Universidad de Oxford, institución que abandonaría sin haber conseguido título alguno. Por entonces, Lord Lilford comenzaba a hacer oficial su interés por la zoología. En 1852 sería elegido como miembro de la Zoological Society. Pero sería un año
después, con su primera expedición por Europa, cuando se confirmaría su orientación hacia la ornitología.

Durante un viaje por Sicilia, Gales e Irlanda conoció a Edward Clough Newcome, el cetrero más importante de la época, con quien descubriría aquella nueva disciplina. Aquella primera experiencia sería el inicio de sus investigaciones por todo el mundo. Mientras, en 1858, se convertía en uno de los ocho socios fundadores de la British Ornithologists Union. En 1867 alcanzaría el cargo de presidente, puesto que ocuparía hasta su muerte.
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