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sábado, 12 de febrero de 2011

Mauricio Hernández Ponsetí: el investigador celeste

Mauricio Hernández Ponsetí
1859-1932

Mauricio Hernández Ponsetí era un meteorólogo autodidacta. Sobre el tejado de su farmacia de la calle S'Arraval había instalado un precario observatorio con algunos termómetros. No habían llegado aún estudios ni oposiciones que instauraran la meteorología oficial. Sin embargo el talento del menorquín le convirtió en corresponsal del Real Observatorio de Madrid.

Nació en Mahón en 1859 y allí pasó toda su vida hasta trasladarse a Barcelona para estudiar Farmacia. A su regreso a Menorca instaló una farmacia en la antigua calle de S‘Arraval, hoy Prieto y Caulés. Sin embargo su vocación vivía sobre el tejado de la tienda, en aquella rudimentaria garita creada en 1886 desde donde hacía observaciones y mediciones meteorológicas.

"La meteorología se organizó a nivel estatal en 1860", repasaba el director del Centro Meteorológico de Baleares, Agustín Jansà. El primer paso fue la creación de una red de observatorios en todo el país, dos de los primeros en Palma y Mahón. "Joaquín Carreras, un marino retirado, fue el primer responsable en Menorca. Aquellos observatorios aún no tenían carácter oficial porque no los llevaban profesionales sino aficionados", añade Jansà.



Ésa era la intención de Hernández Ponsetí: continuar las observaciones iniciadas en 1864 por Carreras. Él también era autodidacta, formado con los trabajos de notables meteorólogos. Y cuando en 1887 enviaba su primer informe termométrico al Real Observatorio de Madrid, aún le quedaba una larga trayectoria por delante.

Desde Madrid llegaron un anemómetro y un barómetro que completaran la instrumentación de su precario observatorio. La información meteorológica podía ser ya más completa y, en 1888, inició su colaboración con el Bureau Central Metéorologique de France –con sede en París– que empezaría con un parte mensual y acabaría con uno diario. En 1892, el Ministerio francés de Instrucción Pública le otorgaba la medalla de plata como recompensa.

A partir de 1896 pudo tener acceso a una estación radiotelegráfica militar para comunicar sus informes. El Observatorio de Madrid le solicitaba un parte diario –que aumentaría hasta tres al día– que enviaba desde La Mola a Carabanchel.

Las colaboraciones con centros meteorológicos foráneos creció: Hamburgo, Copenhague... En 1900 publicaba junto a Joaquín Carreras una memoria de la Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona: Observaciones meteorológicas efectuadas en Mahón, isla de Menorca.

Su farmacia se convirtió en una especie de oficina para la predicción, sobre todo para quienes se hacían a la mar. La rebotica fue la sede de las tertulias de los intelectuales menorquines. De sus debates surgió, por ejemplo, la Extensión Universitaria de Mahón.

"Los primeros profesionales aparecen en Mahón en 1925. El segundo observatorio se creó en la Base Naval, aunque los anteriores meteorólogos se mantuvieron en paralelo", explica Agustín Jansà. Cuando se creó el Centro de Meteorología de Baleares, se instaló allí porque era el único sitio donde había un meteorólogo superior: Josep Maria Jansà (ver entrada).

Hernández Ponsetí se dedicó también a otras actividades. Por encargo del Ayuntamiento mahonés en 1913 puso en marcha el laboratorio municipal del Hospital Civil del que fue el director y el primer inspector químico. Su apoyo a la fundación del Ateneo Científico, Literario y Artístico le valió también el cargo de conservador del museo.

Su pasión por la ciencia le llevó también a la naturaleza con colecciones de algas, plantas, moluscos y pájaros que pasaron a formar parte de los fondos del museo del Ateneo.

Aquella mirada siempre puesta en el cielo se materializó en 1910 en el Catálogo de las aves observadas en la Isla de Menorca.Un estudio que, según Jesús R. Jurado, fue la primera guía de campo de la avifauna menorquina. Sus conocimientos meteorológicos componían la introducción. Después, la nomenclatura latina, castellana y menorquina de las aves. Entre ellas, rarezas como el tordo dorado (Zoothera dauma). Por último, la distribución, la alimentación y la nidificación de cada especie.

Última página de un catálogo que constituía un documento único e impagable. Un libro que, junto a los fondos del museo, eran el testigo de un estudioso que pasó toda su vida con un ojo puesto en el cielo.

Baleópolis nº63 18/05/2010

Fuentes

VIDAL HERNÁNDEZ, J.M. Las ciencias naturales en Menorca a lo largo del siglo XIX
http://dialnet.unirioja.es/servlet/dcfichero_articulo?codigo=110382&orden

BUSQUERET, nº18 (revista del GOB)
http://esbusqueret.com/pdf/EsBusqueret-18-Estiu2009.pdf

Galería de científicos catalanes
http://scbcientifics.iec.cat/index.php?option=com_content&task=view&id=98&Itemid=34

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