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martes, 20 de diciembre de 2011

Carmelo Villalonga, un odontólogo del XIX

Carmelo Villalonga

En mayo de 1857 la imprenta palmesana de José Gelabert publicaba Breves esplicaciones de odontotecnia [sic]. Su autor, un supuesto mallorquín, Carmelo Villalonga, que se presenta como «cirujano-dentista». Faltaban aún veinte años para que se instaurara el título de odontólogo y su formación era poco más que una continua práctica. Pero la sequía bibliográfica del XIX convirtió su folleto en un texto pionero sobre la concienciación de la higiene bucodental y las prácticas odontológicas de la época.

«Proporcionar un bien a mis semejantes, manifestándoles las funestas y trascendentales consecuencias de que pueden ser víctimas los apáticos e incuriosos en esta parte de su organización». Ése es el objetivo con el que Carmelo Villalonga comienza sus Breves esplicaciones de odontotecnia [sic]. Un opúsculo de apenas 15 páginas publicado en 1857 en Mallorca por la imprenta de José Gelabert. Un artículo en el que concienciaba sobre la higiene bucal, denunciaba algunas prácticas extendidas y publicitadaba sus habilidades y servicios.

«Este tipo de folletos comenzaron a aparecer a principios del siglo XIX y uno de sus principales aspectos es el hecho de que instaran a los padres al cuidado y la limpieza de la dentadura de los niños», afirma el profesor de la Universidad Complutense de Madrid y presidente de la Sociedad Española de Historia de la Odontología, Javier Sanz. El primer objetivo de Villalonga era concienciar «del cúmulo de enfermedades a que se halla expuesta una boca descuidada».

El levantamiento de objetos pesados con los dientes, el abuso de los dulces y los alimentos muy calientes son algunas de las prácticas perjudiciales que reseña el mallorquín. Asimismo, apunta algunos productos utilizados para el aseo o la conservación de la dentadura que podían causar «agudos padecimientos». «Para la limpieza se utilizaban elixires con aguafuerte, que resultaban tóxicos. Y para el dolor de muelas, opiatas hechas a partir de opio», relata Sanz.

Josep Darder Seguí, el geólogo de los trasvases

Josep Darder Seguí
1925-2008

Con la clara influencia de su padre, referente en los estudios geológicos de Mallorca, Josep Darder Seguí tuvo clara su orientación profesional. Se licenció en Ciencias Naturales, y su interés por la geología le llevó pronto al subsuelo. De las prospecciones petrolíferas pasó al estudio de las aguas subterráneas. Una faceta con la que se convirtió en pionero en los proyectos de trasvase del Ebro y en el aprovisionamiento de agua a la Isla en pleno boom turístico.

Nació en Mallorca en 1925 en el seno de una doble saga de intelectuales: los Darder y los Muntaner. Su primo, Emili Darder (ver entrada), había sido revolucionario en el sistema sanitario de Palma. Su padre, Bartomeu Darder (ver entrada), , nombre clave además de pionero en los estudios geológicos en la Isla. Su traslado a Tarragona, en cuyo instituto había conseguido una plaza como catedrático, haría que su hijo, Josep Darder Seguí pasara el resto de su vida en Cataluña.

Según Ramon Salas Roig, Josep Darder siempre hablaba de su padre con un tono "apasionado y de admiración al mismo tiempo". Un discurso en el que siempre acababa por salir la figura de Paul Fallot. También él le había conocido desde joven por la gran amistad y relación profesional con su padre. Pero, además, en septiembre de 1947 le acompañó durante una campaña en las sierras de Baza y Filabres (Cordilleras Béticas).

La Guerra Civil supondría un revés para padre e hijo. El primero sería encarcelado en dos ocasiones y apartado de su cátedra durante dos años. El segundo, que pasaba el verano en la casa de unos familiares en Mallorca, quedaría atrapado en la isla hasta que acabó el conflicto. El final de aquella década marcaría el inicio de su carrera científica.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Joan Roman Calbet, el mecenas de la arqueología

Joan Roman Calbet
1849-1910

Un puñado de monedas púnicas fueron el primer paso. En aquel momento, Ibiza era casi un vergel para la numismática. Pero el creciente interés de Joan Roman Calbet por la arqueología y el acierto con el que clasificaba los hallazgos, le hicieron destinatario de las más diversas antigüedades. En unos años no sólo tuvo una de las colecciones más importantes de la isla sino que sería una pieza fundamental en la Sociedad Arqueológica Ebusitana además de un mecenas en la nueva disciplina.

Nació en Ibiza en 1849, pero pasó sus primeros años entre su isla natal, Valencia y Mallorca hasta iniciar en Madrid sus estudios universitarios. Barcelona se convertiría en su penúltimo destino, donde no sólo se licenció en Derecho en 1872 sino que comenzó a trabajar como pasante. En sólo unos años, la abogacía le llevó de regreso a Ibiza. Allí compatibilizó su profesión con la de profesor.

Poco después, la carrera política se convertiría en su principal ocupación hasta principios del nuevo siglo. Sería entonces cuando lo que había sido sólo una afición comenzó a perfilarse como un futuro profesional. La fama de su interés por la numismática y la arqueología hicieron que familiares y amigos le obsequiaran con todo tipo de antigüedades hasta reunir una de las colecciones arqueológicas más importantes de las Pitiusas.

Al mismo tiempo, en otro punto de la isla, un grupo de amigos encabezado por Arturo Pérez Cabrero (ver entrada), veía en esos hallazgos la oportunidad de comenzar un gran proyecto. Su objetivo era crear una sociedad que realizara excavaciones –principalmente en la necrópolis del Puig des Molins– y crear un museo. En 1903 aquellos propósitos se materializaron con la fundación de la Sociedad Arqueológica Ebusitana. Fue entonces cuando vieron en Roman Calbet un colaborador fundamental.

Santiago Rubió i Tudurí, el padre del metro catalán

Santiago Rubió
1892-1980

Santiago Rubió fue oyente en el metro de Barcelona antes de ejercer como ingeniero. Dos años después de los debates para la creación de la primera línea entre la Estación de Francia y Bonanova, se convirtió en director de la empresa que dirigía su construcción. El menorquín ya tenía experiencia en los funiculares, y los transportes acabarían por ser el objetivo de su avanzada ingeniería.

Santiago heredó la vocación profesional de su padre, el ingeniero militar Mariano Rubió. Nació en Mahón en 1892 y se licenció en Ingeniería Industrial en 1915 en Barcelona. Allí se había trasladado su familia después de que el patriarca fuera contratado para la urbanización y construcción de El Tibidabo. Sólo un año después de convertirse en licenciado, el menorquín afrontó su primer proyecto: un funicular entre el monasterio de Montserrat y la ermita de Sant Joan. Sería su inicio en la ingeniería de transportes, en la que continuaría en 1919 con las primeras reuniones que se celebraban en la Ciudad Condal para la construcción del metro. Allí estaban, incluido su padre, los grandes maestros del momento.

La Barcelona de principios de siglo se había transformado en un caos. Los primeros coches coincidían con los primeros autobuses, el ferrocarril, los carros de caballo y los más de 700 tranvías que cruzaban las calles. Los transportes de superficie no daban abasto en una ciudad que, entre 1900 y 1930, ya sobrepasaba el millón de habitantes. No quedó más remedio que recurrir a los túneles. El proyecto del suburbano se comenzó a gestar en 1908, pero tardaría casi dos décadas en hacerse realidad. 

domingo, 27 de noviembre de 2011

Friedrich Will, el topógrafo del Archiduque

Friedrich Will

Llegó a Mallorca siguiendo las huellas de Willkomm. Sus trabajos sobre Baleares inspiraron a Friedrich Will una expedición desde su faceta entomológica. Sin embargo, fue reencontrando a los colaboradores del botánico como conoció a la familia Moragues, propietaria de las cuevas del Drach. Con el Archiduque como mecenas, acabaría por realizar el primer estudio planimétrico de la gruta. Pocos datos se conservan sobre la biografía de Will. Originario de Alemania, donde algunas fuentes sitúan su nacimiento en 1847, fue teniente del ejército. Una carrera, la militar, que frustraría en varias ocasiones su soñada expedición a Baleares. Enero de 1880 sería la fecha en la que conseguió dejar atrás Munich para embarcarse hacia Mallorca.

Su tarjeta científica le presentaba como entomólogo. El segundo día de su estancia en Palma, donde se alojaba en una fonda de la calle Conquistador que acabaría por transformar casi en un gabinete de historia natural, comenzó la recolección de ejemplares. Apenas una jornada bastó para recopilar 600 entre los que se encontraban especies como el escarabajo Rhytideres plicatus o el Rhytirrhinus dilatatus. Pero había algo más. Friedrich Will llegaba inspirado por los trabajos que su paisano, el botánico Moritz Willkomm (ver entrada), había realizado sobre el archipiélago.

La firma de Willkomm en el libro de visitas de Raixa le puso en la pista. Conocer a Francisco Manuel de los Herreros fue el siguiente eslabón de la cadena. No sólo resultó haber sido uno de los mayores colaboradores de Willkomm, sino uno de los principales confidentes del Archiduque Luis Salvador. Un noble del que Will descubría el interés por los estudios científicos y la entomología.


domingo, 6 de noviembre de 2011

Emili Darder, el último alcalde republicano y el primer médico social

Emili Darder
1895-1937

Sin sistema de alcantarillado, ni agua potable, ni instalaciones sanitarias. La historia de Palma hace poco más de un siglo era la de una ciudad abocada a los contagios y a las enfermedades infecciosas. Las condiciones de insalubridad de fábricas, talleres y casas particulares las convertía en auténticos focos de infecciones. Fue el Plan de Reorganización de los Servicios Sanitarios Municipales de Emili Darder el que, en 1932, sentó los precedentes del actual sistema médico.

Aunque se le recuerda fundamentalmente por su labor política, Emili Darder fue primero médico. Nació en 1895 en Palma, hijo del también doctor Tomás Darder Ensenyat. Desarrolló sus estudios de Medicina entre Valencia, Barcelona y Madrid, donde trabajó, entre otros, con Santiago Ramón y Cajal. Sin embargo, en los años 20 regresó a Mallorca como jefe de epidemología del Instituto Provincial de Higiene de Baleares. «Allí comenzaron sus primeras campañas divulgativas de medidas preventivas y cuestiones de higiene: realizaba conferencias por los pueblos, imprimía carteles e incluso recurría a los audiovisuales», explica la historiadora Catalina Moner.


Mateu Orfila, el primer forense mahonés en el CSI del XVIII

Mateu Orfila
1787-1853

Comprar aspirinas hoy es tan fácil como lo era conseguir arsénico en el siglo XVIII. Se utilizaba en medicamentos de farmacia y veterinaria, en raticidas, en la fabricación de pinturas, en la agricultura... Era una sustancia tan accesible que durante un siglo fue la reina de los envenenamientos. La situación se disparó hasta tal punto que provocó la aparición de los primeros forenses y peritos judiciales. Un CSI primario en el que el papel de Gil Grissom lo encarnaba el menorquín Mateu Orfila.

Nació en Mahón en 1787 en una familia de origen campesino. Su padre quería que fuera marino pero, después de un intento frustrado, Mateu decidió optar por la ciencia. Estudió Medicina en Valencia mientras que aprendía química a través de las obras de autores franceses y de los experimentos que él mismo realizaba. Después pasó a Barcelona y a Madrid, pero España se le quedó corta y decidió dar el salto al país vecino. 

Dicen que llegó a París con cincuenta céntimos en el bolsillo, pero pasó a convertirse en uno de los personajes fundamentales de la época. Su prestigio le convirtió en médico de cámara de Luis XVIII, Carlos X y Luis Felipe I, además de presidente de la Academia Nacional de Medicina de Francia.

La historia de una isla ‘a medida’ que Armstrong nunca contó

En el siglo XVIII Menorca era una isla con muchos pretendientes. Las continuas conquistas y reconquistas la convirtieron en una especie de estrella mediática que acaparaba las páginas de los primeros diarios. Los sucesivos países que pasaron por allí cartografiaron el terreno dibujándolo a su medida. En 1752 The History of the island of Minorca, de John Armstrong, se publicaba conteniendo el mejor mapa visto hasta el momento. Pero ni era suyo ni era el primero.

Encartado entre sus páginas y sin referencia alguna aparecía aquel mapa: el supuesto primer intento científico de cartografiar Menorca que todos atribuyeron a Armstrong. «Las posteriores ediciones de la obra llegaron a citar textualmente su autoría. No era de extrañar, porque aquel ingeniero inglés era además muy buen dibujante», afirma el catedrático de Geografía Humana, Tomás Vidal Bendito. Fue él quien en sus investigaciones de 2001 descubrió el fraude que había perseguido a la Isla durante siglos.

El autor era efectivamente un ingeniero inglés llamado John, pero no Armstrong, sino Hargrave que en 1733 –20 años antes de la aparición del libro– había seguido las órdenes de la administración británica de levantar una cartografía de la Isla. 


Felip Bauzá, el GPS mallorquín con el que navegó Darwin

Felip Bauzá
1764-1834

Charles Darwin no estuvo nunca en Mallorca. Probablemente ni siquiera supiera que existía una isla con ese nombre. Pero sí compartió uno de sus viajes con un mallorquín. Fue la única vez que Darwin se enroló en un barco: el Beagle. Acababa de graduarse en Cambridge y la recomendación de su profesor de Botánica permitió que, con sólo 22 años, se embarcara como naturalista en una expedición británica con la que daría la vuelta al mundo y en la que comenzaría a fraguar su obra cumbre: El origen de las especies.

"Aquellas expediciones tenían un doble objetivo: por un lado, conocer mejor las posesiones de los imperios; y por otro, investigar las diferentes especies de animales y plantas", explica el doctor en Geografía y profesor de la UIB, Climent Picornell. En 1831 el Imperio Británico preparaba una nueva misión, la del Beagle. Su fin era cartografiar la zona más meridional de América del Sur, pero no partían de cero. Contaban con los mapas que había elaborado uno de los cartógrafos más prestigiosos: el mallorquín Felip Bauzá.

Bauzá nació en Palma en 1764, unos veinte años antes que Darwin. Estudió Matemáticas en la Academia de Pilotos de Cartagena donde desarrolló una brillante carrera como marino y dibujante. Su prestigio le llevó a ser director del Servicio de Hidrografía de la Armada Española y diputado de las Cortes por Baleares. Su reconocimiento como ilustrador le llevó a embarcarse como Oficial de mapas en la expedición científica de Alejandro Malaspina. Durante cuatro años –de 1789 a 1794– cartografió prácticamente toda la costa del Pacífico: desde Alaska hasta el Cabo de Hornos en el sur de Chile.


sábado, 29 de octubre de 2011

Josep M. Jansà, el nuevo hombre del tiempo

Josep M. Jansà
1901-1994

Nubes de evolución, chubascos intermitentes, borrascas y anticiclones. Lo que hoy es lenguaje informativo habitual fue antes conjuro de brujería. Cuando mirar al cielo era descifrar un mensaje encriptado, los mapas de isobaras manuales no podían ir más que un día por delante. Si Josep Maria Jansà fue un pionero de la meteorología balear no es de extrañar que le llamaran 'El Profeta del Mediterráneo'.

Nació en Reus, pero un traslado profesional de su padre –catedrático de Matemáticas y responsable de meterle el gusanillo de la meteorología en el cuerpo– le llevó hasta Menorca en 1913. Allí continuó sus estudios de Bachillerato y se licenció en Físicas –a distancia– en la Universidad de Barcelona. Lo de meteorólogo vino después, con una formación prácticamente autodidacta.

"La meteorología a nivel estatal comenzó a organizarse a partir de 1860 con una red de observatorios, dos de los primeros en Palma y Mahón, pero sus responsables eran sólo aficionados", explica el director del Centro Meteorológico de Baleares e hijo de nuestro protagonista, Agustín Jansà. En 1929 su padre formó parte de la primera generación de meteorólogos profesionales, él destinado al observatorio de la Base Naval de Mahón.


Antoni Roca i Flaquer, el doctor de las epidemias

Antoni Roca i Flaquer
1825-1900

Antoni Roca i Flaquer fue un superhéroe en los tiempos en que las miasmas centraban la atención sanitaria. Una especie de cazafantasmas clínico contra todos aquellos efluvios malignos que, como se creía, desprendían los cuerpos enfermos y las materias corruptas. Un mal invisible llamado epidemia contra el que él luchó, sin apenas medios, a capa y espada.

Nacido en Mahón en 1825, Antoni Roca i Flaquer puso el punto y seguido a la saga de empresarios de la navegación que predominaba en su familia. Con él se inició de prestigiosos médicos. Después de cursar la enseñanza básica en Ciutadella, se trasladó a la Universidad de Barcelona para estudiar Física experimental y Química. 

En 1843 comenzó sus estudios en Medicina por los que obtuvo el grado de Bachiller en Medicina y Cirugía y, dos años después, el título de licenciado. Sería en ese mismo año cuando leyó una memoria: "Com obra el cloroform en l'economia humana, i en quines circumstàncies està indicat o deixat d'estar-ho?", su primer texto científico.


Hernández Morejón y el modélico Isla del Rey

Antonio Hdez. Morejón
1773-1836

Su llegada a Menorca fue un reconocimiento a su carrera. El éxito en la detención de una epidemia con la creación de un lazareto en la valenciana Serra de la Solana y el brote declarado en Mahón le llevaron a ser nombrado médico del hospital militar de la Isla del Rey. El mismo centro que luego se transformaría en el frente de las críticas más duras de su topografía médica. Un volumen que Hernández Morejón propondría, con todo lujo de detalles, la creación de un nuevo hospital.

La suspensión de la enseñanza de la Medicina en las universidades en 1799 truncó su carrera docente. Antonio Hernández Morejón, nacido en Alaejos (Valladolid) en 1773, había sido nombrado catedrático sustituto antes incluso de acabar la carrera de Medicina en la Universidad de Valencia. Aquel revés le convirtió en médico rural por distintas comarcas valencianas.

Fue con aquella nueva faceta con la que conseguiría un ascenso. Destinado en Onil, tuvo que hacerse cargo de una epidemia en la zona. Una situación que el médico resolvió con la organización de un lazareto en la Sierra de la Solana. El éxito conseguido y la declaración de un nuevo brote en Mahón llevaron al Tribunal del Protomedicato a destinarle al hospital militar de la Isla del Rey.

Émile Cartailhac, el prehistoriador incrédulo


Émile Cartailhac
1845-1921

En los tiempos de Cartailhac la Prehistoria era una disciplina naciente. Una rama de estudio tan nueva y misteriosa que, en su incredulidad, le llevó a renegar de las pinturas rupestres de Altamira. En su camino hacia el mea culpa, hizo que la arqueología se centrara en aquel periodo y reformuló nuevas teorías sobre los monumentos prehistóricos baleares en las que las taulas eran la columna de antiguos centros de reunión tribal.

Nació en Marsella en febrero de 1845 y estudió Derecho antes de confiar en que sus excursiones a los dólmenes de Aveyron pudieran ser la semilla de una nueva profesión. Su primera oportunidad llegó con la Exposición Universal de París de 1867, donde fue el responsable de la sección de Prehistoria. Para entonces ya había colgado la toga de abogado.

Su relación con España comenzó con una polémica. En 1879, Émile Cartailhac y el prestigioso arqueólogo Gabriel de Mortillet, pusieron en duda la autenticidad de los restos de arte rupestre encontrados en la cueva cántabra de Altamira, descubierta una década antes. Tardaría 23 años en desdecirse. Un tiempo durante el que no cesaron sus estudios en el país.


sábado, 22 de octubre de 2011

Vell marí, la odisea de la especie

Quizá Ulises nunca vio a las sirenas. Tal vez se tapó los oídos con cera y pidió ser atado al mástil en balde. Lo que asomó en la superficie parecía tener cabeza humana y, al sumergirse, lucía una extraña cola de doble aleta. Si se echa mano de la Historia Natural, aquellos seres serían focas monje. Una especie a la que la ciencia llegó tarde para salvar.

Plutarco y Plinio El Viejo ya referenciaron su existencia e incluso se ganó un hueco en la Historia animalium de Aristóteles a quien algunos autores adjudican una primera disección. Sin embargo, no fue hasta 1779 cuando Johann Hermann dio nombre a aquel animal marino de piel grisácea y vientre blanco cuya evolución era paralela a la del propio Mediterráneo. El francés tuvo la posibilidad de examinar un ejemplar que acompañaba a una compañía circense de Venecia. Su nombre sería foca monje porque los pliegues de su cuello le recordaban a los de un hábito y porque parecía un animal solitario.

«Aquella primera descripción científica fue un gran avance como estudio para demostrar que era una especie diferente, pero hasta los años 60 del pasado siglo apenas hubo un goteo de publicaciones», afirma el investigador y ex presidente del GOB, Xisco Avellà. En España la primera información aparece entre los siglos XVII y XVIII tras el avistamiento de un ejemplar en la playa de Cullera (Valencia).


Bartolomé Sureda, un maestro mallorquín para los caprichos pictóricos de Goya

Bartomeu Sureda
1769-1851

"Dibújame un cordero", le pedía incansablemente el Principito al Aviador. "Dibújame un retrato", debió de rogar también Bartolomé Sureda a Francisco de Goya. Sin caja, ni hierba, ni agujeros para respirar. Pero sí como a un hombre juvenil e inteligente. Era la culminación de una relación en la que habían intercambiado los papeles de aprendiz y maestro. Sureda había enseñado a Goya la técnica clave de sus grabados: el aguatinta.

Después de Leonardo Da Vinci, pocos personajes han sabido encarnar la mentalidad de su época. Entre ellos –aunque quizá a menor escala– cabe recordar al mallorquín Bartolomé Sureda. «Personalizaba la modernidad y la aplicación práctica de las artes como correspondía a la mentalidad ilustrada», asegura la profesora de Historia del Arte de la Universidad Autónoma de Madrid y directora de la Fundación Lázaro Galdiano, Jesusa Vega.

Nació en Palma en una familia de carpinteros y estudió Dibujo y Grabado ya desde muy joven en la Escuela de las Nobles Artes creada por la Sociedad Económica Mallorquina de Amigos del País. Su talento y su actitud llamaron rápidamente la atención de dos personajes que serían fundamentales en su trayectoria: Tomás de Verí –corresponsal de los Amigos del País en Madrid– y el ingeniero canario Agustín de Betancourt. 


jueves, 13 de octubre de 2011

J.J. Rodríguez Femenías, el 'broker' del alga menorquina

J.J. Rodríguez Femenías
1835-1905

Qué movió a Joan J. Rodríguez Femenias a fijar su atención en los fondos marinos sigue siendo casi un misterio. Tal vez él, empresario terrestre, vio en las estepas abisales un oasis libre de explotación. O quizá se preguntara qué eran aquellas plantas viscosas que le rascaban las piernas cuando nadaba en la playa. Una inversión de aficionado que brilló por encima de cualquiera de sus negocios.

Nació en Mahón hijo de un próspero comerciante pero no tuvo más estudios que la escuela primaria. Sin embargo, probablemente fue aquella procedencia la que le permitió iniciarse en el mundo de los negocios poco antes de hacer el que sería el descubrimiento de su vida: la botánica. "Fue con la visita a Menorca de Colombiers, un inspector de correos francés que llegó en la época de los ensayos telegráficos entre Mahón y Argel. Era un naturalista aficionado y contagió al menorquín", explica el historiador Josep Miquel Vidal.

Pronto la botánica fue un campo demasiado amplio y Rodríguez Femenias buscó refugio en la algología en la que se formó de manera autodidacta y con la correspondencia con una veintena de algólogos con Bornet y Grunow como maestros. En aquel momento era un campo de la ciencia prácticamente desconocido "y con muy pocos estudios en el Mediterráneo occidental" que hizo del menorquín un pionero y referente más allá de España. No fue hasta finales del siglo XIX cuando la algología experimentó un gran desarrollo en todo el país.


Jeroni Orell, el botánico de los helechos

Jeroni Orell
1924-1995

Tenía 43 años cuando decidió dedicarse en exclusiva a la botánica. Mediaba la década de los 60 y había conseguido ser uno de los pocos naturalistas que había sobrevivido al yermo científico que siguió a la Guerra Civil. Tal vez la dedicación de Jeroni Orell a la investigación teórica fuera menor, pero aún hoy continúa siendo uno de los padres del herbario y el Jardín Botánico de Sóller.

Nació allí en junio de 1924. En la vall de les taronges donde su formación quedó pronto vinculada a los hermanos de La Salle. Las excursiones escolares fueron su primer contacto con la naturaleza. La Carlina carymbosa, una especie de cardo amarillo, sería la primera planta que conocería. Luego, con su traslado a la escuela del Pont d'Inca, llegaría a sus manos el herbario del Hermano Bianor (ver entrada), un religioso y botánico francés que se había refugiado en Mallorca.

"Más que científico, el herbario tenía carácter divulgativo y servía para distinguir a las escuelas que lo poseían", explica el director del Jardín Botánico de Sóller, Josep Lluís Gradaille. Aquella colección vegetal marcaría el inicio de su orientación a la botánica. Pese al desierto científico en que quedaría convertida España tras la Guerra Civil, sería entonces cuando Orell aumentara su vinculación con la disciplina.


viernes, 7 de octubre de 2011

François Aragó, el espía geodesta de Napoleón

François Aragó
1786-1853

Si la suerte radica en estar en el lugar adecuado en el momento oportuno, podríamos decir que François Aragó fue –para lo bueno y para lo malo– un experto en el fenómeno. Un suertudo que con apenas veinte años llegó a Baleares para acabar las mediciones del meridiano de París. La mala fortuna hizo que sólo un año después le pillara allí el levantamiento contra las tropas napoleónicas.

François Aragó nació en Estagel, una pequeña población cercana a Perpiñán. Su sueño de infancia fue siempre estudiar en la Escuela Politécnica de París, pero una vez dentro, se dio cuenta de que aquella formación le quedaba corta. Con sólo 18 años su talento y una recomendación le permitieron convertirse en secretario del Observatorio de París. Allí le llegó su primera casualidad.

La muerte de Pierre Méchain había interrumpido el proyecto de medición del meridiano de París, aún quedaba pendiente la prolongación hasta Baleares.
Su cargo le hizo ser incluido junto a Jean Baptiste Biot en el grupo que completaría el proyecto y permitiría obtener un mayor conocimiento sobre la figura de la Tierra. 

«Ninguno de los dos tenía experiencia en la técnica de la triangulación geodésica, pero consiguieron convertirse en expertos en el manejo del círculo repetidor de Borda, el instrumento que utilizaban los geodestas de la época», afirma la investigadora y autora de François Aragó y Mallorca: la prolongación del meridiano de París a las Baleares 1803-1808, Elena Ortega.


Miquel de Petra, el capuchino de los números

Miquel de Petra
1741-1803

Vistió el hábito con la edad más baja permitida, pero pronto fue mucho más que un simple religioso. La devoción y tal vez su parentesco con Junípero Serra, del que era sobrino, llevaron a Miquel de Petra a ingresar en los capuchinos con sólo 14 años. Y su sabiduría, a convertirse en matemático en la única orden que contaba con un museo de Historia natural y en un arquitecto que concibió los planos de su nuevo convento.

Nació en enero de 1741 como Miquel Ribot Serra, pero su localidad natal prontó le llevó a ser conocido como Miquel de Petra. Parece que la cercanía con su tío, fray Junípero Serra, marcó ya sus primeros estudios. Aprendió latín con los franciscanos observantes petrers y después amplió su formación en Palma de la mano de los jesuitas.

Era aún un niño cuando decidió entrar en la vida religiosa. Pidió su admisión en los Mínimos de Palma pero éstos, según recoge Miquel López Bonet en Fra Miquel de Petra i la història dels caputxins a Mallorca, le rechazaron por su baja estatura. Los capuchinos le aceptarían poco después y en 1755 vestiría ya su hábito. Tenía 14 años, la edad canónica más baja permitida.

Pronto Miquel de Petra dio muestras de sus grandes dotes intelectuales. Se dedicó no sólo al estudio de la filosofía y la teología, sino también al del arte y las matemáticas. Primero, se convirtió en profesor de los estudiantes de su convento. Allí, tras la petición del Ayuntamiento a la cúpula de la orden, sería pionero en enseñar la filosofía experimental de Ramon Llull en 1758. 


John Frederic Bateman, el secador inglés de S'Albufera

John Frederic Bateman
1810-1889

Imagine toda S’Albufera de Alcúdia convertida en un campo de cultivo. En un inmenso arrozal, concretamente. Antes de su visión turística y medioambiental la zona era sólo una ciénaga fuente de fiebres y paludismo. En 1862 llegó el mesías, el doctor empresario John Frederic Bateman.

"Aquellos dilatados y tétricos cañaverales en cuyas deletéreas brumas se cernía pavorosa la imagen de la muerte". Así describía la Revista de Obras Públicas la percepción que se tenía de S’Albufera en el siglo XIX. «Era una zona de ambiente enfermizo origen de muchas fiebres, enfermedades y paludismo. Siempre se decía que a Sa Pobla iban a vivir quienes no tenían otro lugar», añade el investigador y geólogo Andreu Muntaner.

Al mal estado de la salud pública se sumaban las crecidas de sus aguas que arrasaban muchas tierras de labor. Una situación inaguantable que hizo que proliferaran los intentos de desecación desde el siglo XVIII. La gran productividad de la zona hacía pensar en un aprovechamiento agrícola además del saneamiento.


Gaspar Bennázar, un paisajista para Palma

Gaspar Bennazar
1869-1933

"Esta pasada noche ha reinado en la explanada de La Lonja una extraordinaria animación, una desusada forma de trabajo que congregaba a un gran número de curiosos", relataba La Almudaina. Aún no existía el NO-DO ni su característica voz en off, pero la prensa se hacía eco de las sucesivas construcciones de Gaspar Bennázar que, cual pantanos, se iban inaugurando. Había pasado apenas medio siglo, pero había transformado Palma de cabo a rabo instaurando los cimientos de la modernidad.

Nació en agosto de 1869 en la misma Palma que reconvertiría años después. Nunca fue un hombre de utopías y por eso, ya avanzada su carrera de Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos, se dio cuenta de las pocas salidas profesionales que un ingeniero podía tener en aquella época. El ataque de cordura llegó poco antes de 1899, el año en que finalmente se tituló en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid e ingresó en la Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Habían pasado sólo dos años desde su titulación cuando en 1901 obtuvo por concurso la plaza de arquitecto municipal de Palma. Un cargo que mantendría hasta su muerte en 1933. Su figura enlutada con el traje cubierto de polvo, el sombrero y los bolsillos repletos de gomas y puntas de lápiz empezó a ser habitual en los rincones más insospechados de Ciutat.


Francesc Español, el rastreador cavernícola

Francesc Español
1907-1999

Pasaron seis años desde que Francesc Español descubrió lo que parecía una nueva especie de coleóptero cavernícola hasta que Jeannel lo corroboró bautizándolo como Speophilus españoli. Fue el impulso definitivo que centró su interés por la zoología en la entomología. Una faceta con la que llegó a Baleares en los años 30 para catalogar el universo de endemismos de las cuevas pitiusas.

La vocación de Francesc Español estaba clara desde su adolescencia. Nació en Valls (Tarragona) en 1907 y ya cuando estudiaba Bachillerato en la misma localidad, empezó a interesarse por los insectos. Su colección de coleópteros y hemípteros llegaba a las cuarenta cajas, material que años después iría a parar al Museo de Zoología de Barcelona.

Poco después se centraría en el estudio de la fauna cavernícola. Tenía sólo 17 años cuando, en 1924 y en la cueva de Traça (Tarragona), descubriría su primera nueva especie. El ejemplar fue enviado al entomólogo francés René Jeannel al Museo Nacional de Historia Natural de París. El experto tardaría seis años en confirmar el hallazgo y bautizarlo como Speophilus españoli


miércoles, 21 de septiembre de 2011

Jaume Escalas Real y la sala de los locos

Jaume Escalas Real
1893-1979

Entre los festejos celebrados por su boda, el rey Alfonso XIII colocó la primera piedra del Manicomio Provincial. Para algunos, fue el fin definitivo del Camino de Jesús como el punto de reunión de la sociedad palmesana tras la construcción del cementerio. Para la ciencia, fue el punto final a las Salas de Locos y el inicio de la psiquiatría aplicada en Mallorca.

En 1408 la sociedad de los Inocentes fundaba el primer hospital para locos en nuestro país. España lideraba por entonces la asistencia psiquiátrica: mientras en otras naciones eran perseguidos aquí se sucedían los centros para su internamiento. «Este avance se explica porque los árabes ya tenían un cuidado especial por estos enfermos y España fue el último país europeo en contacto con su cultura», explica el actual director del Hospital Psiquiátrico de Baleares, César Azpeleta.

Mallorca tardó algo más en iniciar la asistencia psiquiátrica. El Hospital General inauguraba en 1456 una Sala de Locos que, como recuerda Azpeleta, servía para la «reclusión donde aún se utilizaban las cadenas». Más tarde se crearon espacios separados para hombres y mujeres pero las instalaciones, sin apenas mejoras, seguían siendo bochornosas. Esta situación y el continuo aumento del número de enfermos, despertaron la necesidad de la construcción de un manicomio.


Odón de Buen, el idealista que hizo del Mediterráneo su laboratorio

Odón de Buen
1863-1945

En Zuera –a 25 kilómetros de Zaragoza– no hay mar. Las únicas playas que Odón de Buen pudo ver en su pueblo natal eran las fluviales a orillas del Gállego. Quizá conoció las profundidades oceánicas con los libros de Julio Verne y entonces decidió dedicar la vida a su estudio. "Mis innovaciones científicas me produjeron graves disgustos, desataron contra mí todo género de asechanzas", diría al final de su carrera. En el camino quedaba la introducción de la oceanografía en España con Mallorca como principal referente.

Con la carrera recién acabada, Odón de Buen se embarcó a bordo de la fragata Blanca en una expedición científica que pretendía emular a las del siglo XVIII. Era un naturalista comisionado por el Museo de Ciencias Naturales de Madrid, pero allí descubrió su verdadera vocación. Su dedicación a las Ciencias Naturales se orientó hacia la oceanografía. Pocos años después convertía su cátedra en la Universidad de Barcelona en una auténtica aula experimental.

Su viaje al laboratorio de Banyuls de la Marenda en 1893 fue uno de los momentos clave de su carrera. Su director, Henry Lacaze Duthiers (ver entrada), supuso la concreción de sus proyectos. "Fue su pilar y maestro, quien le mostró las particularidades del Mediterráneo y la idoneidad de las Baleares para crear un centro oceanográfico que permitiera su estudio", explica el actual director del laboratorio oceanográfico balear, Enric Massutí. Por aquel entonces sólo Santander contaba con uno de estos centros.


José Miguel Guardia Bagur, el médico enciclopedista


J.M. Guardia Bagur
1830-1897

A la inteligencia de José Miguel Guardia Bagur le ganaron su inestabilidad y su ímpetu. Era un espíritu inquieto sumido en una eterna insatisfacción que le volvió huraño y polémico. Vivió siempre con el corazón dividido entre su Menorca natal y su Francia adoptiva. Alejado de la medicina práctica, se convirtió en un auténtico historiador de la misma. Un teórico en pleno esplendor del enciclopedismo.

Nació en enero de 1830 en Alaior ya con la impronta de la profesión médica de su padre. Después de estudiar Matemáticas y Filosofía en Ciutadella, sus progenitores –fascinados por el ejemplo de Mateu Orfila (ver entrada) y con enorme sacrificio– envían al joven José Miguel a estudiar al Colegio Real de Montpellier. Tenía sólo catorce años.

Por momentos, la cantidad de conocimiento disponible en las bibliotecas le abrumaba. Allí comenzó sus estudios de Medicina y en 1853 se convertía en Doctor. Su tesis sería la primera de sus grandes obras: Quelques questions de philosophie médicale, un análisis de la influencia de la filosofía en la evolución de las doctrinas médicas en Grecia.


lunes, 19 de septiembre de 2011

Francesc Andreu Femenías y la 'pole position' eléctrica

Francesc Andreu Femenías
1860-1929

La lucha de la Unión Soviética y Estados Unidos por la conquista del espacio fue un capítulo más en la tradición competitiva de la ciencia. Antes, mucho antes de los cohetes, Francesc Andreu Femenías dio el pistoletazo de salida a la carrera eléctrica en Baleares. Un recorrido que inició en solitario pero en el que pronto brotaron enemigos.

Había nacido en 1860 y, antes de enredarse entre enchufes, fue apicultor. Dedicado en cuerpo y alma a la cría de abejas, recorrió medio mundo para conocer la nueva tradición de paneles móviles. Pero en su llegada a Estados Unidos, la apicultura se quedaba corta para todo lo que aquel nuevo país le ofrecía. Como el Poeta en Nueva York de Lorca fue absorbiendo todas aquellas innovaciones que se llevó de vuelta a Menorca en su maleta: la automoción, la telefonía y la electricidad.

Andreu Femenías participó en la implantación del teléfono en la isla y fue promotor y director de la S.A. de Automóviles de Menorca que introdujo el automóvil de vapor. En 1892 llegó el que sería su mayor logro: la creación de Eléctrica Mahonesa, la primera fábrica de electricidad de Baleares.

Ocho meses duraron los ensayos de aquella nueva empresa que nacía con un capital de 100.000 pesetas. Máquinas y calderas de vapor y una dínamo daban vida a la nueva fábrica.


sábado, 17 de septiembre de 2011

Joan Binimelis y el 'best seller' manuscrito

Joan Binimelis
1538-1616 

Binimelis soñaba con ser como Larsson. Un aclamado literato que acaparara portadas y cuya obra estrella -Historia de Mallorca– se convirtiera en un best seller citado en los discursos de l’Estendard. Pero su sueño se evaporó en esos mismos tres volúmenes manuscritos.

Joan Baptista Binimelis nació en Manacor en 1538. En las primeras décadas de su vida su formación y sus inquietudes le convirtieron en el mejor representante del Renacimiento tardío: se interesó por la geografía, la literatura, la astrología... Con apenas quince años se marchó a Valencia a estudiar Medicina, por aquel entonces una de las universidades más prósperas de la Corona de Aragón. A su regreso a Mallorca para ejercer, comenzó también la carrera eclesiástica. «Se sabe poco sobre su familia, pero los datos apuntan a que era modesta, así que tal vez Binimelis vio en la Iglesia una solución a su situación económica», apunta el profesor del Departamento de Filología Catalana de la Universitat de Barcelona, Antoni Moll.

El manacorí se ordenó sacerdote y, con la llegada del obispo Joan Vic Manrique, consiguió protección y meceznago de la mitra. El obispo intercedió años más tarde ante los jurados de la ciudad y el reino –una institución similar al Ayuntamiento pero con poder sobre toda la Isla– para que encargaran a Binimelis la redacción de la primera Historia del reino de Mallorca desde la llegada de Jaume I. "Él mencina este encargo en la obar pero no se han podido encontrar datos que lo confirmen, algo extraño tratándose supuestamente de una petición oficial", explica Moll.


Joan Ramis i Ramis y el talaiot de los druidas

Joan Ramis Ramis
1746-1819

Con el paso de Menorca a la Corona española. Joan Ramis decidió cambiar su gran proyecto literario. Ya no quería ser literato sino investigador y autor de la Gran Historia de Menorca. 'Antigüedades célticas ...' fue la primera pieza donde aseguraba el origen celta de los talaiots, navetas y taulas.

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Para Joan Ramis el conjunto megalítico de Trepucó era un Stonehenge a la menorquina. No era el primero en sacarle parecido al monumento, pero sí en dedicarle toda una obra: el primer volumen de su Gran Historia de Menorca pero también el primer libro sobre Prehistoria publicado en España.

La dominación británica trajo a Menorca prosperidad económica. El comercio favoreció una relación con otras ciudades y universidades que permitió a algunos autores, como Joan Ramis, recibir una educación selecta. Su gran formación fue como jurista ya que estudió Derecho Civil y Canónico consiguiendo el título en Aviñón. Sin embargo, sus estudios en Retórica, Poética y Filosofía determinaron su faceta de literato. «Sin duda fue la figura más importante del neoclasicismo catalán, sobre todo por su trilogía teatral pero también por su obra poética», afirma la filóloga e historiadora de la Cultura, Josefina Salord.

Pere de Son Gall y el helicóptero quijotesco

Pere Sastre
1895-1965

A Pere Sastre se le podía ver cruzando Llucmajor en su destartalada bicicleta. Quería ser piloto, perito agrónomo e inventor, pero su situación económica y familiar le ataba a aquella finca que le rebautizó como Pere de Son Gall. Entre sus frustraciones, los planos y la maqueta del que fue un auténtico precursor del helicóptero: su cometa-giro-avión. Un invento que durante siglos le ha enfrentado a la SGAE y a Juan de la Cierva.

El trabajo en el campo se le quedaba corto a Pere de Son Gall. Él soñaba con la mecánica, el diseño industrial, la aviación. "Su padre murió aún joven y él tuvo que convertirse en el cabeza de familia y trabajar en la finca para mantener también a su madre y a su hermana", añade el profesor del IES S’Arenal, Joan Salvà. Aún así, siempre encontraba un hueco para las matemáticas, los libros de trigonometría y el dibujo técnico.

Había nacido en 1895 y tenía apenas 26 años cuando diseñó el aparato con el que pasaría a la Historia: el cometa-giro-avión. Sería una máquina aérea mixta con parte de helicóptero y parte de aeroplano. Su característica principal sería la elevación y el descenso verticual y la capacidad de detenerse en el aire.


miércoles, 31 de agosto de 2011

Salinas, el oro blanco de las Pitiusas

Antes de que Benito Pérez Galdós estampara su cara en los billetes de 1.000 pesetas el dinero era mucho más tangible que el papel moneda. En China el Estado pagaba a sus acreedores con vales en sal y en Roma el Imperio inventaba la palabra salario por el producto en el que cobraban sus legiones. En las Pitiusas, el oro blanco tiene más de 25 siglos de historia.

El poblado de Sa Caleta demuestra la presencia estable en Ibiza de grupos fenicios ya en el siglo VII a.C. Desde entonces, la historia de las salinas pitiusas ha ido paralela a la de todas las civilizaciones que han pasado por ellas: fenicios, cartagineses, romanos... Los musulmanes fueron los primeros en constatar su explotación; en el siglo XIII el geógrafo Al-Himyari escribía: «En Yabisa (Ibiza) hay una salina en la cual la sal no se acaba nunca».

«Desde el año 600 a.C. han funcionado prácticamente sin interrupción. Sin embargo la explotación fue muy rudimentaria hasta que en el siglo XIII se introdujeron las primeras mejoras técnicas», afirma el director de la explotación ibicenca de Salinera Española, José María Fernández


Hospital Isla del Rey, ir a urgencias en barca de remos

En cuarenta años la Isla del Rey pasó de un proyecto de Parador Nacional digno de protagonizar el No-Do a unas ruinas objetivo del equipo de investigación de Cuarto Milenio. Su aislamiento no fue suficiente para evitar el expolio que arrasó, incluso, con las vigas del edificio. Hubo que esperar hasta 2004 para ver la resurrección del hospital.

Algo de premonitorio tuvo la conquista de Menorca a los musulmanes en el siglo XIII cuando, para esperar al resto de su escuadra, Alfonso III hizo escala en aquel islote mahonés. Su visita terminaría por bautizarlo como Isla del Rey y sería una muestra de su posición estratégica para la Marina. Los ingleses fueron conscientes de ello y en 1711 el almirante Jennings ordenó la construcción de un hospital. «Fue el primero de Menorca y diseñado por el mismo arquitecto de los de Chelsea y Greenwich aunque destinado a las escuadras que recalaran en Mahón», explica el presidente de la Asociación de Amigos de la Isla del Hospital y ex jefe del Estado Mayor del Ejército, Luis Alejandre.

Aquel primer centro tenía una única planta y camas para 400 pacientes, más del doble de la actual capacidad del Mateu Orfila aunque, como detalla Alejandre, «por entonces no había ningún tipo de medicina primaria y la mayoría de los casos eran derivados al hospital». 


Can Joan de S'aigo: el tendero que se enriqueció vendiendo nieve

Quienes van a Ca’n Joan de S’Aigo dicen que hacer cola para tener mesa es parte del ritual. Pocos saben, sin embargo, que hace más de 300 años los mallorquines ya abarrotaban el local cuando Ca’n Joan era una sucursal de las cases de neu. La fama de sus quartos y su chocolate son sólo la punta del iceberg de su historia. ¿Quién no se ha preguntado de dónde viene el aigo de su nombre? Hay que remontarse a 1700.

«Joan fue el fundador, y se dedicaba a la venta de hielo y agua fresca que obtenían de la nieve de las montañas», explica Leonor Vich Montaner, sobrina del actual propietario. Antes de chocolatero Ca’n Joan de S’Aigo fue nevater. Junto a otros trabajadores de Selva y Caimari recogía nieve en la Serra de Tramuntana en invierno para destinarla al consumo en verano.

La primera referencia sobre estas neveras artificiales en la Isla aparece en la Història General del Regne de Mallorca, de Joan Binimelis (ver entrada), en 1595. Las cases de neu eran el depósito donde se almacenaba la nieve y se conservaba hasta su consumo. A veces era una sima o una excavación forrada de pedra en sec. Junto a ellas se levantaban pequeños edificios donde vivían los nevaters en la época de recogida. Su trabajo era todo menos fácil: primero transportaban la nieve hasta el depósito con palas y luego la pisaban durante horas –a menudo con los pies descalzos– hasta convertirla en hielo. El proceso se repetía para formar diversas capas separadas por carrizo; la última se cubría con sal, ceniza y ramas.


Enric Fajarnés Tur: el hombre que escribió la Historia de Baleares con una calculadora

Enric Fajarnés Tur
1858-1934

Ni los periódicos ni la política se entienden ya sin las encuestas. «La moderna ciencia de gobernar descansa hoy sobre la estadística», predijo Fajarnés Tur a finales del siglo XIX. En la lenta pero progresiva evolución de las Ciencias Sociales en España pocos habían vuelto sus ojos a las matemáticas. El ibicenco fue uno de los primeros en aplicar la objetividad de los números.

Se licenció en Medicina y Cirugía en Barcelona pero apenas ejerció dos años como forense entre Ibiza y Palma. Poco tiempo pero el suficiente para conocer el estado deplorable de la sanidad en el archipiélago: las autopsias se practicaban al aire libre y la polémica por la falta de unas condiciones mínimas en el hospital de su isla natal acababa por provocar su cierre.

En 1881 Enric Fajarnés Tur ingresaba en el cuerpo de Correos y, aunque compatibilizó ambas actividades durante un tiempo, en 1886 decidió no volver a ejercer como médico. «Su familia era de clase alta así que no necesitaba asegurarse una posición económica, pero Correos le permitió viajar. Orientó su faceta científica a la investigación y gracias a su profesión entró en contacto con instituciones de toda Europa», afirma el director del Centre de Professorat d’Eivissa y coautor –junto a Joana Maria Pujades– de Enric Fajarnés Tur. Entre la història i la demografia, Ernest Prats.


Fructuós Gelabert, el eslabón perdido entre los Lumière y Villaronga

Fructuós Gelabert
1874-1955

Cuando Hollywood llamó a Fructuós Gelabert él no dudó en rechazar la oferta. Le ataba a su Barcelona natal una doble responsabilidad: la de atender a su padre y a su hermana y la del desarrollo del cine en España. Nunca tuvo alfombras rojas ni Goyas honoríficos pero fue también el primer cineasta en Baleares.

Gelabert tenía sólo 22 años cuando –en 1896– llegaron a Barcelona las películas de los hermanos Lumière. Él –hijo de un carpintero mallorquín– quedó absolutamente fascinado con el nuevo invento. Sus conocimientos de mecánica y sus contactos con el cine le llevaron a construirse su propia cámara: un piñón, una excéntrica, un carro y una rueda dentada. 

El objetivo se lo prestó un familiar y la película la compró en Lyon. «Era una cámara copia de las de los Lumière, toda de madera y que, con sólo cambiar unas piezas, podía pasar de la filmación a la proyección», explica la licenciada en Historia del Arte y profesora asociada de la UIB, Catalina Aguiló.


Francesc Bonafé: el fraile que halló la perfección en una margarita

Francesc Bonafé
1908-1994

Fue un día, ya cumplidos los cincuenta años, cuando al agacharse Francesc Bonafé descubrió la Bellis sylvestris (margarita silvestre), mágica por florecer en invierno y carecer de hojas en el tallo. En aquel instante, en apenas un segundo, vio en esa flor el reflejo "de la perfección de Dios", el resumen de la maravilla de la naturaleza.

Bonafé no era botánico, sino fraile. Durante casi treinta años vivió en el convento de Sóller donde, además de confesar y dar la comunión, era profesor de Lengua y Literatura. Hombre austero, poeta místico y devoto de Ramon Llull. Josep Lluís Gradaille, director del Jardín Botánico de Sóller, explica que su interés por las plantas surgió "de manera accidental, como nos ocurre a todos los botánicos". Cuando hacía sol, Bonafé trasladaba sus clases al campo. "Su acercamiento a la naturaleza surgió como imitación de Ramon Llull y ese contacto le llevó a la afición por las plantas", afirma Gradaille.

Después de aquella primera margarita silvestre comenzó a elaborar un pequeño herbario en el que recogía todas las plantas que iba encontrando. "Las secaba entre libros porque aún no había prensas y aprovechaba las horas de la comida en el colegio para pegar los pliegos con nuestra ayuda", explica Gradaille que fue alumno de Bonafé. Junto a Jeroni Orell (ver entrada) y Llorenç Garcías creó un pequeño círculo botánico que debatía e intercambiaba especies.

Una de las salidas de Bonafé. / JOAN FRONTERA
A medida que aquella afición crecía, sintió la necesidad de clasificar las plantas que desconocía. "No tenía formación así que utilizó obras de Knoche (ver entrada), Mayre y Combis (ver entrada) Pero pronto se dio cuenta de que la última obra que podía utilizar databa de 1879 y que existía un enorme vacío bibliográfico". 


sábado, 27 de agosto de 2011

Ramon Margalef, el primer ecologista marino

Ramon Margalef
1919-2004

Los seis años que el ejército arrebató a la vida de Ramon Margalef acabaron en Mallorca en 1943. Fue aquí donde el científico se inició en el estudio de los organismos acuáticos con el que, años después, se convertiría en un referente mundial. Una faceta que pasó del análisis empírico y directo a un nivel superior de la biología y que sentó las bases de una nueva ciencia: la ecología. 

Su vocación comenzó como una afición en el huerto de aquella casa barcelonesa en la que nació en 1919. Descubrió el mundo de los insectos, aprendió a clasificar mariposas y se enroló en el Centre Excursionista de Catalunya donde aprendió la relación de determinadas especies con su entorno.

La Guerra Civil lo truncó todo. Tenía sólo 19 años cuando fue llamado a filas. Ramon Margalef redactó comunicados y crónicas con una vieja máquina de escribir y participó en la Batalla del Ebro antes de creer que terminaba su tiempo en el ejército. No sería así. Con el bando nacional victorioso, volvió a ser reclutado en la unidad de artillería. Franco preparaba la intervención de España en la Segunda Guerra Mundial del lado de Alemania e Italia. Pero nunca se haría realidad.


Rafael Oleo Quadrado, el enciclopedista botánico


Rafael Oleo Quadrado
1806-1878

Dicen que si no se hubiera empeñado en rescatar del olvido la Historia de Menorca, Rafael Oleo Quadrado sería más conocido por su faceta botánica. La misma que le llevó a estudiar Farmacia y a instalar botica en su Ciutadella natal. Quizás así, los trece volúmenes –con grabados de flora y fauna– de sus Noticias histórico-topográficas habrían visto la luz. Hoy siguen como un manuscrito inédito.

Nació en 1806 en el seno de una familia burguesa de Ciutadella que procuró la mejor educación para sus hijos. Obtuvo un bachiller en Artes en 1828 y, poco después, se trasladó a la Universidad de Valencia para estudiar Botánica. Allí, Rafael Oleo alternó su formación con las prácticas en el Hospital Civil de la ciudad.

Circunstancias personales le obligaron a trasladarse luego a Barcelona, donde finalizó sus estudios en 1838 con la tesis De combustione, que escribió y leyó en latín. Sólo un año después regresó, para quedarse de manera definitiva, a Ciutadella.


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